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domingo, 23 de agosto de 2015

piedad


Aëla Labbé



[...]
O amor que me mantiene fervorosa y azul lejos del
mundo que no controla su tintineo de mercancía
desechada por el mercader. O puta de maravillosas
orejas o alquitrán que no se retiró a tiempo
de la tierra, o palacio de la caridad. Más muerta
que viva, más viva que cuerda. Más muerta que cuerda.
Más real que tu luz inadvertida.

Y yo no sé lo que busco. Una batalla
naval. Un pez con la boca abierta. Un fardo
pesado en exceso. Una luna roja que se despluma.
Siento
que los ángeles me llaman a la piedad, a su
diestra, dulce, rota, cansada. Siento los gritos
de los ángeles que me piden la piedad, donde nadie
vela por ella ni la reconoce. Jesús que gritas. Jesús
que escribes. Jesús que maldices. La lepra, mi
úlcera de escribiente. Siento los gritos de
los ángeles que braman, siento cómo me aferra la
Piedad.
[...]


Amelia Rosselli, La libélula. Sexto Piso, 2015
Traducción de Esperanza Ortega

lunes, 29 de junio de 2015

conversaciones

Tatsuo Suzuki


al final todas las conversaciones son
interrumpidas antes de llegar a ningún lado
la señal se entrecorta y alguien intenta registrar
las pérdidas animalillos que se hunden en el fango
se trata de dar
un sentido hacerse comprender pero cómo
cuando las frases nunca terminan y las hierbas crecen
dentro había cierto temor a
este respecto y hacia las inversiones futuras
a todo lo que pudiera caber bajo la etiqueta de
proyecto
es posible que hubiera estado tan preocupada por
los fragmentos diluidos por la imprevista nieve que
hubiera dejado escapar
intente fijarse unos objetivos precisos recordarse
los beneficios ser eficaz
he entendido algo todo se desvía cuántas botellas
de agua pierdo al día cuántos años necesito
urgentemente tener cerca líquido transparente plástico
algo frío
la curva se suaviza pero se alarga la curva una expresión que
no corresponde a ningún estado de ánimo conocido
prefiero quedarme en uno de esos pasillos laterales
escucho dicen que como reforma eso suena abstracto
a primera vista aunque colorido
en todo caso me mira lo mejor sería continuar con
el tema de su trabajo y su organización
concebirlo desde esta
perspectiva

cuando regresé
la mitad de los peces habían sido devorados por los otros
y me dije




viernes, 11 de julio de 2014

gripe

 
Françoise Huguier




THE PULL

As the flu goes on, I get thinner and thinner
all winter, till my weight dips
to my college weight, and then drops below it,
drifts down through high school, and then
down into junior high,
down through the first blood,
heading for my childhood weight,
birth weight, conception. When I see myself naked
in the mirror, I see I am flirting with my father,
his cadaver the only body this thin
I have seen—I am walking around like his corpse
risen up and moving again, we
laugh about it a lot, my dead
dad and I, I do love being like him,
feeling my big joints slide
under the loose skin. My friends don’t
think it’s funny, this cake-walk
of the skeletons, and I can’t explain it—
I wanted to lie down with him,
on the couch where he lay unconscious at night
and there on his death-bed, let myself down
beside him, and then, with my will, lift us both
up. Or maybe just lie with him
and never get up. Now that his dense
bones are in my ground, I am bringing
my body down. I’m not sure
how he felt about my life. Only twice
did he urge me to live—when the loop of his seed
roped me and drew me over into matter;
and once when I had the flu and he brought me
ten tiny Pyrex bowls
with ten leftlovers down in the bottoms.
But when, in the last weeks of his life,
he let me feed him—slip de the spoon
of heavy cream into his mouth
and pull it out through his closed lips,
I felt the suction of his tongue, his palate, his
head, his body, his death pulling at my hand.



HALÁNDOME DE LA MANO

Adelgazo todo el invierno a medida que avanza la gripe
hasta que mi peso llega al de la universidad,
luego cae aún más, alcanza la secundaria
y va más allá, hasta la primera sangre,
apunta al de mi niñez, nacimiento, concepción.
Me veo desnuda en el espejo y descubro
que coqueteo con mi padre:
el único cuerpo que vi así de flaco fue su cadáver.
Camino como si fuera él resucitado
moviéndose otra vez, y nos reímos mucho los dos,
mi padre muerto y yo. Me encanta ser como él,
sentir mis articulaciones grandes deslizarse
bajo la piel tan suelta. Mis amigos
no ven la diversión, este baile
de esqueletos que tampoco yo logro explicar.
Hubiera querido echarme
en el sofá donde yacía borracho todas las noches,
a su lado en el lecho de muerte, para después,
con mi voluntad, levantarnos a los dos.
O quizá yacer con él y no levantarme más.
Ahora que sus huesos están en la tierra,
llevo mi cuerpo hacia abajo. No sé
qué sentía en relación a mi vida. Dos veces apenas
me instó a vivir: cuando su semilla
me enlazó arrastrándome hacia la materia;
y una vez cuando estuve con gripe y me trajo
diez cuenquitos pirex
con diez sobras en el fondo.
Pero cuando, durante sus últimas semanas de vida,
me dejaba alimentarlo—deslizar la cuchara
en su boca y sacarla entre sus labios cerrados—
yo sentía la succión de su lengua, su paladar, su cabeza,
su cuerpo, su muerte halándome de la mano.


Sharon Olds, El padre. Bartleby Ediciones.

Traducción de Mori Ponsowy



jueves, 15 de mayo de 2014

perséfone


Louise Bourgeois




tortugas
marrón y coágulo desciende

                   perséfone
                   mira niño a trocitos muriendo
                   de sí



    
   o

   tan fácil
       /niñomedusa/
   como sacarte fue seguir



lola nieto, alambres, kriller71 ediciones



lunes, 24 de marzo de 2014

la ciudad vertedero


Brett Weston



la ciudad generaba un entramado cada vez
más espeso
fluidos que se solidificaban
atravesábamos los hilos transparentes después
los hilos fríos

no pasaba nada en apariencia pero muy
pronto se sentía el
desnivel
una densidad de luz distinta para cada

estrato



viernes, 13 de diciembre de 2013

child


Gottfried Helnwein




Things were not as black as somebody painted them. There was a pretty child dressed in black and playing with two black apples. It was either a girl dressed as a boy, or a boy dressed as a girl. Whatever, it had white teeth. The landscape outside its window had been blackened with a heavy and coarse paint brush. It was all very teleological, except when the child stuck out its red tongue.



Charles Simic, The World Doesn’t End.



Las cosas no eran tan negras como alguien las pintara. Había un hermoso niño vestido de negro que jugaba con dos manzanas negras. Era una niña vestida de niño o un niño vestido de niña. Sea como fuere, tenía dientecillos blancos. El paisaje al otro lado de la ventana había sido ennegrecido con un brochazo espeso y tosco de pintura. Era todo muy teleológico, salvo cuando el niño sacaba su lengua roja.


(Traducción de Jordi Doce, ed. Vaso Roto)

lunes, 23 de septiembre de 2013

la soledad sonora


Akif Hakan


en el sueño estábamos en un sanatorio desahuciado
los insectos y yo, por fin nos librábamos de las palabras
bastaban los sonidos inarticulados
nuestros zumbidos, las ondas electromagnéticas

por el día explorábamos los pasillos donde la vegetación extendía su dominio,
cientos de habitaciones idénticas, roídas por la luz,
camas con las ruedas rotas, empotradas contra la pared
tendíamos hilos, recorríamos los espacios vacíos entre
invisibles trazas de mercurio, muestras de orina y sangre
botellas que aún contenían suero y otros líquidos desconocidos
coleccionábamos cajas enteras de pastillas
pijamas abandonados, jeringas

por la noche revivía con horror el pasado: tantos  que se habían acercado
con sus residuos cerebrales
las radiactivas cadenas de sílabas cosidas


abandonar la zona de los pliegues y lamer la árida tersura del silencio 



lunes, 15 de abril de 2013

-


Yijun Liao




sé que no volveré a escribir, estoy cansada
del lenguaje y de sus peces rojos

las frases se deshilachan entre mis dedos

demasiado tiempo, sí, demasiado
masticando algas cargadas de electricidad

vivo con el miedo a que este débil hilo de agua
que me riega
se seque


jueves, 7 de marzo de 2013

cita



Callogero Cammaleri



Degas : en la sombrerería

La joven de hábiles dedos no puede
oír las voces, porque ella es mortal.
Piensa en el domingo, en su cita
con el hijo del carnicero,
que tiene ásperos labios
y grandes manos
manchadas de sangre.



Adam Zagajewski, Tierra del fuego






martes, 23 de octubre de 2012

quería escribir sobre la nieve


Anni Lepälä



golpes contra todas las esquinas
la náusea florece desde la garganta despierto
el cálido hilo de sangre borda la mañana
no se aclara el frío persiste rodea mis mejillas
con las manos negras
envuelve desde temprano las vísceras
la piel arrancada de los frutos

mientras
la descomposición avanza
ya trajeron los animales degollados
su sangre gotea en regueros desde el camión
el óxido sí
su gusto inerte estancándose en mi lengua
ni siquiera está caliente

 veo los rostros tirantes casi piedra
atravesar las calles
la rígida espera en los andenes
un día más ese hombre con traje oscuro que no sube
a ningún tren porque no sabe
 a dónde llevan
oigo la dura cuerda cada vez más
tensa tanta gente
el sudor las suaves canciones murmuradas
sus huesos quejándose de arriba abajo

no
quería escribir sobre la nieve
quería contar una historia: había una vez
una mujer desencajada
compraba cada día las mismas cantidades
de leche y de lejía
quería comer nieve hasta volverme
transparente
y después como campanas frías
tocar las palabras
la pulsación exacta el tañido debajo de la piel

pero

hay algo que no puedo nombrar
una fuga
hay algo que me está abriendo en canal
parece una hoja fina y afilada una melodía dulce
por eso quizá despierto
vacía como un pozo abandonado
extiendo las manos sin saber cómo
buscando
hasta sentir en los dedos  el ardor
las pequeñas hogueras de la calle
el humo borrándome la cara


domingo, 7 de octubre de 2012

silenciosa algarabía del corazón


Landscape in red light, Emil Nolde




Poemas. Objetos de la muerte. Eterna inmortalidad de la muerte. Algo así como un goteo nocturno y afiebrado. Poesía. Orina. Sangre.

Muerte fluyente y olorosa. Gran oído de dios. Poesía. Silenciosa algarabía del corazón.


Blanca Varela, El libro de barro.


martes, 7 de agosto de 2012

brasa


Rebecca Cairns





a veces dormida regresa esa palabra
insistente
                                                                              una brasa en la lengua
                                                                              tu nombre

cuando despierto me duelen las encías
de apretar tanto los dientes
cuando intento masticarlo


viernes, 29 de junio de 2012

lirio de sangre


Blood Lily


journal 21/06/12


Hoy comienza el verano, un lirio de sangre se enraíza con increíble delicadeza en mis arterias,  me golpea con su débil llanto dentro del pecho.

El calor inyecta su aguja reluciente en la piel y extrae los colores de los cuerpos, los deja pálidos, aletargados, pero luego derrama esmaltes histéricos por los rincones. Colores a un volumen ensordecedor, con una longitud de onda tan alta que ni siquiera podemos percibirla. Pero bailamos ciegos delirantes dentro de sus vibraciones. Así en el verano, todo mi cuerpo se acaba transparentando salvo ese núcleo de sangre estrellada, una constelación de filamentos agotados.

Me cambiaron el corazón por un lirio de sangre, una pequeña esfera hecha de nervios erizados y tubitos escarlata como espinas alargándose cada vez más. Sólo florece una vez al año, pero entonces escuece como una mordedura infectada. Tanto esfuerzo para levantar la voz desde la silenciosa caja que guardo dentro. En vez de agua triste y salada, los hilos se han vuelto duros, se petrifican dentro de mí formando una minuciosa maraña de temblores.

Soñé tantas noches con un lirio de agua, con su corola blanca y húmeda de absorber la transparencia, deseé su levedad con tanta fuerza que sólo me fue dada esta palpitación rígida, un laberinto de savia roja extenuada en el valle del calor.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Levitación


Anka Zhuravleva


hebras de sangre hilos
de silencio tras la piel urdiéndome
animal tan quieto
o flor redonda surcada de alvéolos
yo gravito en el aire de noviembre
como una anémona aterida
cristalina
en mi placenta
sobrevuelo esta luz
amanecer de acero
sobre la ciudad de escombros me abro
camelia leve
frágil farolillo vegetal
sin tocarlo me abro en el estrépito
en las miradas ávidas que
me cercan me sondean no me tocan
quieren lamer las yemas de mis dedos
su calor de adormidera
pero tan lejos
yo
en mi danza de fiebre neblinosa
succiono las dulces raíces rojas
de los llantos nerviosos
extenuada
medusa de silencio
me calmo los párpados en llamas
me recubro de voces y tejidos
de su beso de arsénico
tan lejos tú y ellos
entonces
de quién es este sueño exhausto
herida blanca
rasgando el pétalo de la memoria