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lunes, 15 de febrero de 2016

casi un invierno en el ojo



Gustaf Emanuelsson




Atravesamos una región de tocones pesados
y de pinos – las carreteras apretadas. Pienso el
blanco por terrones fríos que un mes lleno
no ha calentado. La luz aplasta
las prímulas, es demasiado. Demasiado como
solo y rápido. La carretera aprieta más fuerte y
todavía nos preguntamos qué quiere decir
marcharse, volver o simplemente pasar.

[…]

La luz al encuentro, siempre, y la muerte
bastante cerca en el pájaro, el patio, el liquen
de los troncos, incluso en las respiraciones lentas
en el primer piso. La tierra se derrumba en la boca
y por todas partes. Arrancamos las imágenes tan
vanas y machacadas como los terrones de ayer.
Nos gastamos diciendo eso en palabras débiles, in-
capaces, y tal vez deberíamos callarnos.

Y esos terrones, todavía, que ya no están ahí
pero su frío tenaz – casi un invierno
en el ojo, más tardío, y burbuja en la templanza.
El ojo y el pensamiento se oyen donde lo alto
toca lo bajo. Volvemos a ver en la ventana los
precios seguros de la gasolina, la grisalla, y todo
pasa. Nos mantenemos a flote en pocas cosas:
este presente devastado; el lugar impronunciable.

Lo que mariposea y arde bajo la bombilla o
moja, más bajo, los musgos y cascajos, la
hiedra gris-muerto – todo eso caído en mi sucia
manía de amasar lo poco en pocas palabras, todo
eso posado en la espera que no ayuda a la espera, ahí,
como las manos sobre la mesa, dos bestias perdidas.
Y pienso en el amigo lejos, su casa lejos, su orilla
de mar que mece, lo suelta a lo lejos, tan solo en el umbral.


(traducción propia)


*


On traverse un pays de souches lourdes
et de sapins – les routes serrées. Je pense le
blanc par mottes froides qu’un mois plein
n’a pas réchauffées. La lumière écrase
les primevères, c’est trop. Trop comme
seul et vite. La route serre plus fort et
toujours on se demande ce que veulent
dire partir, revenir et simplement passer. 

[...]

La lumière au devant, toujours, et la mort
assez près dans l’oiseau, la cour, le lichen
des troncs, même dans les respirations lentes
à l’étage. La terre s’éboule dans la bouche
et partout. On arrache des images aussi
vaines et ressassées que les mottes d’hier.
On s’use à dire ça dans des mots faibles, in-
capables, et peut-être qu’il faudrait se taire. 

Et ces mottes, encore, qui ne sont plus là
mais leur froid tenace – presque un hiver
dans l’œil, plus tardif, et bulle dans le redoux.
L’œil et la pensée s’entendent où le haut
touche le bas. On retrouve à la fenêtre les
prix sûrs de l’essence, la grisaille, et tout
passe. On reste à flot dans peu de choses :
ce présent dévasté ; l’imprononçable endroit

Ce qui papillonne et brûle sous l’ampoule ou
mouille, plus bas, les mousses et gravats, le
lierre gris-mort – tout ça tombé dans ma sale
manie d’amasser le peu dans peu de mots, tout
ça posé dans l’attente qui n’aide pas l’attente, là, 
comme les mains sur la table, deux bêtes perdues.
Et je pense à l’ami loin, sa maison loin, son bord
de mer qui berce, le laisse au loin, si seul au seuil. 

Armand Dupuy, Par Mottes froides,  éditions Le Taillis Pré, 2014


viernes, 23 de agosto de 2013

el fin de los tiempos


Mascha Jansen



la primera señal fue la plaga de libélulas
la segunda, la invasión de los gallos que cantaban día y noche
después los fatales efectos de las bebidas carbónicas

soñaba con signos en el cielo,
antes del amanecer salía a recorrer
la ciudad bajo el ensordecedor rugido
de los helicópteros, las farolas seguían encendidas
pero el azul tinta nocturna había desaparecido,
sustituido por el extraño color de las burbujas

el último día, se compró un perro y lo llamó exterminio




miércoles, 14 de agosto de 2013

verano


Jackson Eaton



verano mientras dormían, subir al techo, pasar la tarde tirando
piedras, hacer una historia con eso, el aburrimiento repetido y
el calor, el silencio de las tres de la tarde, cada piedra contra el
techo, el ruido que hacía


una historia que nunca

cuando se pierde y el lugar donde aparece

cuando descubre que no

fácil, una hoja impresa que dibujaba distraída, las palabras que
las líneas del dibujo iban conectando, la distancia que ahora
repiten: humpty dumpty, heidi, un chanchito tocando el violín

el cajón que cerraba mal, la marca de las zapatillas y el piso
de madera, su madre, el llanto nervioso de su madre mientras
preparaba la comida


junto al auto, en la playa después, los pantalones cortos y las
medias blancas, la mirada de vértigo, su madre tomando sol y
su hermana comiendo arena


Patricio Grinberg, VHS


jueves, 4 de julio de 2013

hierba


Lucy Cheung


På läsidan kan man höra gräset växa: ett svagt trummande underifrån, ett svagt dån av miljontals små gaslågor, så är det att höra gräset växa.


Tomas Tranströmer


En la parte al abrigo del viento se puede oír crecer la hierba: un tenue tamborileo que asciende, un débil estrépito de millones de pequeñas llamas de gas, así es oír crecer la hierba.





lunes, 11 de febrero de 2013

ah las pasiones del cuerpo



Elliot Lee Hazel


ah las pasiones del cuerpo:

1) presenciar el eterno combate entre la fuerza y la debilidad entre las
ganas y sí la aspereza de los huesos quemándose la boca odiosa
todo el día
tiemblan las manos apenas pueden sostener las cosas
sangra la delicada flor de las encías cuando intentas
masticar la parálisis y la rabia todas las veces que te
quejarás diciendo nunca
tu ridículo pequeño circo de ansiedad

no quiero ver nada más quiero que venga alguien quiero un pájaro
no
no hay nadie
¿hola?

contempla tu cuerpo ahora la
degradación el dolor de cada movimiento la saliva amarga
a veces abres las ventanas para renovar el aire y que la nieve te corte
las mejillas a veces cantas a gritos hablas con las paredes desnudas y escuchas
al viejo de arriba ir y venir todo el día
como tú
de un cuarto a otro
los ojos desmesurados



2) las horas no se parecen en nada a un hilo espeso estirándose
pero es verdad que el aire se vuelve acuoso que los ojos duelen no quieren
abrirse

estas tazas me están destrozando la vida, sí
cuántos líquidos calientes hoy vanos intentos de algo que se parezca al contacto
entonces intento dormir
pero viene el herrero incandescente y deposita sobre mis ojos
sus monedas recién sacadas del horno
viene el cuervo inmundo y me picotea la garganta

creí que había una zona blanca intacta en medio de la nieve
pero abrí los ojos y me encontré temblando
en la calle de las carnicerías







viernes, 25 de enero de 2013

pero mi voz no sonaba


Emmet Gowin



quise llamar pero mi voz no sonaba
aquí entre los pulmones algo
se rompió
crujió apenas se quedó colgando dentro

el hielo se fundía el suelo estaba llenándose de
charcos
tuve miedo pensé es demasiado tarde se habrán borrado las palabras
escritas en el vidrio
el último mensaje

supongo que caí
ya no más bolsas de oxígeno del aire cortante
la pluma dentro se habría desprendido


cuando el muchacho se abalanzó sobre la niña albina
todavía aquel gusto a azúcar en los labios
blancos


lunes, 5 de noviembre de 2012

polio


Anunciación, Henrio Ossawa Tunner




por qué están las calles desiertas todos se fueron aquí apesta
acaso está pasando la gran serpiente amarilla
de dónde viene esa brisa infectada se filtra por las ventanas con un cansancio atrofiado
empapa las pequeñas almohadas las sábanas limpias
mañana abrirán los ojos cuántos niños con el cuello rígido los pulmones secos y
dentro el fuego

mi pequeño duerme a veces hace un ruido duro al respirar me sobresalto
la noche entera vigilo respirando el yeso de los muros cada vez más bajos la boca tensa
cuando amanece mis dedos no se mueven
y algo me agota creo que es la luz los interminables días las grietas en el techo
de la boca del sol fluye el transparente hilo de la muerte



miércoles, 30 de mayo de 2012

hasta doscientos hijos

Ata Kando






Vendrá sin las estrellas lácteas
y sin tiranosaurios de luz,
maroma umbilical para niños marítimos
que se ahorcaron con algas y cabellos oceánicos
huyendo en hipocampos de sueño de aquel parto, en la
columna vertical mayor,
entre jarcias y vértebras.

Pues somos una saga.
Oleaje escarlata en delito, y cimas de cianuro,
y golpes de cerezo.
Pues somos, en mi cuerpo, una saga con luna abdicante,
que recuerda colegios, mapas del mundo en otoño,
complicadísimas hidrólisis,
pero nunca marfil y mediodía.

Colegio: niña que bebía los pomelos
directamente en labios de la noche,
que juraba acostarse con el miedo en la cama de nadie,
que juraba que el miedo
la había violado hasta doscientos hijos.

Amor, la niña rusa
que comulgaba reno asado
y bebía liquen.
Amor, la niña rusa que leía a Tom Wolfe.




Blanca Andreu, De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall.

sábado, 5 de mayo de 2012

Animalitos inexpresivos

Cuno Amiet



Leí "Animalitos inexpresivos" de David Foster Wallace y esto se me prendió en los ojos:




El Pacífico es de color lila a esa hora de la mañana.
Estaba totalmente ensimismado pero era muy inteligente. Podía mirar la misma cosa durante horas sin aburrirse.
_¿Qué es agosto?
El sol sube. La sangre se retira del agua azul.
El dedo de Faye sabe a humo y a sal.

El público del estudio se transfigura al ver cómo la cara de Julie Smith se arruga como un kleenex en el bolsillo y rompe a llorar en silencio. Las lágrimas bajan por los arabescos de sus pómulos y caen sobre el micrófono, donde por alguna razón producen un leve susurro.

Aunque todavía esconde la cabeza debajo del brazo cuando hay tensión.

Va casi rapada. A veces parece un vampiro.
Era como si el neón estuviera vivo. Como si le latiera el corazón. Qué chica tan rara. Tiene algo muy extraño. Cuando sonreía todo se volvía muy brillante, demasiado nítido.
Julie es simplemente incapaz de responder a las preguntas sobre animales.

No crea usted que pasa un solo día

Di que el único sentido que tiene el amor es intentar meter los dedos por los agujeros de la máscara del amante.
_No, eres deliciosamente feliz. Pero no queda mucho de ti, en ese momento te sientes casi colmada.
_Siento algo horrible cuando me mira a través de la ventana.
_Te enamoras de un hombre _dice Julie_ que insiste en que solo puede quererte cuando estás de pie en el centro exacto de la habitación.

Mañana habrá montañas de preguntas enteras sobre animales.
Diles que todavía hoy no puedes soportar a los animales, porque las caras de los animales no tienen ninguna expresión.
Y luego diles que miren de cerca las caras de los hombres. Diles que se detengan un instante y miren la cara de un hombre. La cara de un hombre está totalmente vacía.

Todo el tiempo estábamos buscando algo obvio.




*El texto en su integridad está sacado de ese cuento (traducción de Javier Calvo), sólo he hecho un pequeño collage.




martes, 1 de mayo de 2012

desvelos


Moon Madness, Andrew Wyeth



o utinam tales perducas, improbe, noctes
me miseram quales semper habere iubes!


                                                                                                            Propercio, I, 3, 39-40




¡Ojalá sufras, desalmado, noches
tan funestas como las que a mí me obligas a sufrir!

domingo, 30 de octubre de 2011

No decir


El árbol rojo, Rocío Pinín





“No leer, no sufrir, no escribir,
no pagar cuentas”
GIL DE BIEDMA

Quietud de luz igual
cada día cada labio cada paso
me olvido del lenguaje
estanque donde peces muertos levitan
unto de nieve los espacios vacíos
que se me duerma la lengua
entre cristales
que mis abrasadas pupilas devoren
todo
no decir ocultar
eso que supe:
que andabas por las calles como un
antílope empapado
como una epifanía intraducible
buscando

pero en alguna esquina
alguien cose tu voz a mi garganta
raspan fuerte tus palabras inaudibles
ocultadlas
que no salgan
escribir es
este inútil forcejeo conmigo
basta
es no decir esconder las palabras
bajo otras cosas contenerlas desviarlas
no dejarlas nunca tocar el centro
donde yo tan despojada


***

la habitación apenas tenue entre los grises
interrogantes
duermo sola atravesada
en un nudo de vientos y
tus ojos lejos vedados
agrietan siempre el hielo duro
del tibio animal que duerme
entre rasguños

incuba en mi cuerpo tu silencio

justo entonces
-el vientre rebosando flores de miseria-

brota

en el centro de mi ombligo
el tallo de un árbol rojo

viernes, 26 de agosto de 2011

Cold Summer



Como un fino velo de agua
fluye el día sobre mi rostro.

La noche, copa de vino azul,
se endurece entre mis dedos.

Entreveo el borde de tus dientes.


[Imagen: La fenêtre bleue, Matisse]



jueves, 21 de julio de 2011

Lejos




Este beso en tus labios como una lenta espina
V. ALEIXANDRE.


Dónde estás
ahora
no ves
que de mis sueños
un pez de menta
transparente
tallado en el dolor

CAE.


La entraña gime dulce
tanta miel
sin ti
cristales de azúcar
en mi sangre
como bocas o jazmines

CORTAN.


Perdida
en lo que no tengo

-mi lenta espina-
-mi sendero tortuoso-

ANOCHEZCO.


[Imagen: Twitering machine, Paul Klee]

viernes, 15 de abril de 2011

Ofrenda



Alguien la empuja hacia el umbral
al lugar devastado
allí donde los otros
exprimen las raíces del fuego
y se tuercen las manos
por conjurar al tránsito.

Es ella la señal:
la Estela de Polen
la Aurora Envejecida
el Doloroso Nardo
la muda ofrenda a un dios desconocido.

Envuelta en un jadeo de tambores
y voces, esperando,
el silencioso aullido de tus ojos
le abrasa los labios como nieve.


[Imagen de Margaret Durow]

martes, 15 de febrero de 2011

Ceremonia


Yo ardía en la pira,
oyendo los últimos gritos de las raíces
retorciéndose,
de las diminutas raíces de manzanilla,
ardiendo.

y sólo deseaba tener
tu pálida columna vertebral
suspendida sobre mí,

como un anhelo furioso.


*La imagen procede de la película El espejo, de A. Tarkovski

sábado, 22 de enero de 2011

Núcleo

Qué soy yo
salvo este
núcleo vibrante
de palabras
cosidas en círculos
espiral
de un pozo que
nunca
termina.

jueves, 30 de diciembre de 2010

El día en que se me quemaron las manos


Sí, me cubrí el rostro con esta tupida red el día en que se me quemaron las manos. La gente sentía piedad por mí. Sentía piedad, sobre todo, porque pensaba que también mi cara había resultado quemada; y yo estaba segura de que el secreto me hacía superior a todos ellos, de que así burlaba su morbosidad. Saben que yo era una mujer hermosa y que doce hombres me enviaban flores cada día. Uno de esos hombres se quemó la cara pensando que así ambos estaríamos en las mismas condiciones, en idéntica y dolorosa situación. Me escribió una carta diciéndome, ahora somos iguales, toma mi actitud como una prueba de amor.

Lloré amargamente durante muchas noches. Lloré por mi orgullo y por la humildad de mi amante; pensé que, en justa correspondencia, yo debía hacer lo mismo que él: quemarme la cara. Si dejé de hacerlo no fue por el sufrimiento físico ni por ningún otro temor, sino porque comprendí que una relación amorosa que empezara con esa fuerza habría de tener, necesariamente, una continuación mucho más prosaica. Por otro lado, no podía permitir que él conociera mi secreto, hubiera sido demasiado cruel. Por eso he ido esta noche a su casa. También él se cubría con un velo. Le he ofrecido mis pechos y nos hemos amado en silencio; era feliz cuando le clavé este cuchillo en el corazón. Y ahora sólo me queda llorar por mi mala suerte.


Bernardo Atxaga

sábado, 18 de diciembre de 2010

Faustine

"La hermosura de Faustine merece estas locuras, estos homenajes, estos crímenes."


"Ahora repito, de noche, el nombre de Faustine. (...) estoy angustiado de cansancio y sigo repitiéndolo (a veces tengo mareos y ansiedad de enfermo cuando me duermo)."


"En su prescindencia de mí había algo espantoso"


La invención de Morel, Bioy Casares

lunes, 22 de noviembre de 2010

Levitación


Anka Zhuravleva


hebras de sangre hilos
de silencio tras la piel urdiéndome
animal tan quieto
o flor redonda surcada de alvéolos
yo gravito en el aire de noviembre
como una anémona aterida
cristalina
en mi placenta
sobrevuelo esta luz
amanecer de acero
sobre la ciudad de escombros me abro
camelia leve
frágil farolillo vegetal
sin tocarlo me abro en el estrépito
en las miradas ávidas que
me cercan me sondean no me tocan
quieren lamer las yemas de mis dedos
su calor de adormidera
pero tan lejos
yo
en mi danza de fiebre neblinosa
succiono las dulces raíces rojas
de los llantos nerviosos
extenuada
medusa de silencio
me calmo los párpados en llamas
me recubro de voces y tejidos
de su beso de arsénico
tan lejos tú y ellos
entonces
de quién es este sueño exhausto
herida blanca
rasgando el pétalo de la memoria


sábado, 13 de noviembre de 2010

Tulips

The tulips are too excitable, it is winter here.
Look how white everything is, how quiet, how snowed-in
I am learning peacefulness, lying by myself quietly
As the light lies on these white walls, this bed, these hands.
I am nobody; I have nothing to do with explosions.
I have given my name and my day-clothes up to the nurses
And my history to the anaesthetist and my body to surgeons.

They have propped my head between the pillow and the sheet-cuff
Like an eye between two white lids that will not shut.
Stupid pupil, it has to take everything in.
The nurses pass and pass, they are no trouble,
They pass the way gulls pass inland in their white caps,
Doing things with their hands, one just the same as another,
So it is impossible to tell how many there are.

My body is a pebble to them, they tend it as water
Tends to the pebbles it must run over, smoothing them gently.
They bring me numbness in their bright needles, they bring me sleep.
Now I have lost myself I am sick of baggage ----
My patent leather overnight case like a black pillbox,
My husband and child smiling out of the family photo;
Their smiles catch onto my skin, little smiling hooks.

I have let things slip, a thirty-year-old cargo boat
Stubbornly hanging on to my name and address.
They have swabbed me clear of my loving associations.
Scared and bare on the green plastic-pillowed trolley
I watched my teaset, my bureaus of linen, my books
Sink out of sight, and the water went over my head.
I am a nun now, I have never been so pure.

I didn't want any flowers, I only wanted
To lie with my hands turned up and be utterly empty.
How free it is, you have no idea how free ----
The peacefulness is so big it dazes you,
And it asks nothing, a name tag, a few trinkets.
It is what the dead close on, finally; I imagine them
Shutting their mouths on it, like a Communion tablet.

The tulips are too red in the first place, they hurt me.
Even through the gift paper I could hear them breathe
Lightly, through their white swaddlings, like an awful baby.
Their redness talks to my wound, it corresponds.
They are subtle: they seem to float, though they weigh me down,
Upsetting me with their sudden tongues and their colour,
A dozen red lead sinkers round my neck.

Nobody watched me before, now I am watched.
The tulips turn to me, and the window behind me
Where once a day the light slowly widens and slowly thins,
And I see myself, flat, ridiculous, a cut-paper shadow
Between the eye of the sun and the eyes of the tulips,
And I have no face, I have wanted to efface myself.
The vivid tulips eat my oxygen.

Before they came the air was calm enough,
Coming and going, breath by breath, without any fuss.
Then the tulips filled it up like a loud noise.
Now the air snags and eddies round them the way a river
Snags and eddies round a sunken rust-red engine.
They concentrate my attention, that was happy
Playing and resting without committing itself.

The walls, also, seem to be warming themselves.
The tulips should be behind bars like dangerous animals;
They are opening like the mouth of some great African cat,
And I am aware of my heart: it opens and closes
Its bowl of red blooms out of sheer love of me.
The water I taste is warm and salt, like the sea,
And comes from a country far away as health.

Tulipanes

Los tulipanes son demasiado emotivos, es invierno aquí.
Mira qué blanco está todo, qué quieto, qué nevado.
Aprendo a estar en calma, yaciendo sola e inmóvil
como la luz sobre las paredes blancas, esta cama, estas manos.
No soy nadie, no tengo nada que ver con estallidos.
He entregado mi nombre y mi ropa de diario a las enfermeras,
y mi historia al anestesista y mi cuerpo a los cirujanos.

Han puesto mi cabeza entre la almohada y el embozo de la sábana
como un ojo entre dos párpados blancos que se niegan a cerrarse.
Alumna estúpida, no puede sino tragárselo todo.
Las enfermeras van y vienen, no me molestan,
van y vienen como las gaviotas a la tierra, con sus cofias blancas,
haciendo cosas con las manos, todas iguales,
de manera que resulta imposible averiguar cuántas son.

Mi cuerpo es un guijarro para ellas, lo atienden como el agua
atiende a los guijarros por sobre los que pasa, puliéndolos suavemente.
Ellas me traen sopor en sus agujas relucientes, me traen el sueño.
Ahora que yo misma me he perdido, estoy harta de equipajes—
Mi maletín de cuero para la noche como una negra caja de remedios,
mi marido y mi hija sonriéndome desde una fotografía;
sus sonrisas se meten bajo mi piel, pequeños anzuelos sonrientes.

He dejado las cosas correr, carguero con treinta años a cuestas,
que testarudamente se aferra a mi nombre y dirección.
Han borrado mis asociaciones amorosas.
Asustada y desnuda en la camilla con almohada de plástico verde
veía mi juego de té, mis armarios de ropa blanca, mis libros,
hundirse y desaparecer, y el agua cubrió mi cabeza.
Ahora soy una monja, nunca fui tan pura.

No quería flores, quería solamente
yacer con mis manos hacia arriba y sentirme totalmente vacía.
Qué libre es una, no tienes idea hasta qué punto-----
la paz es tan grande que te deslumbra,
no pide nada a cambio, una placa con tu nombre, bagatelas.
A ella se aferran finalmente los muertos, me los imagino
metiéndosela en la boca, como si fuera una hostia.

Para empezar, los tulipanes son demasiado rojos, me hieren,
Incluso a través del papel de regalo podía oírlos respirar
ligeramente, a través de sus envoltorios blancos, como a un horrible bebé.
Sus pétalos rojos le hablan a mi herida, y ella les corresponde.
Son sutiles; parecen flotar, pero me hunden,
perturbándome con sus súbitas lenguas y su color,
una docena de rojos lastres de plomo alrededor de mi cuello.

Nadie me observaba antes, ahora estoy en observación.
Se vuelven hacia mí los tulipanes, y también la ventana
donde una vez al día un rayo de luz lentamente crece y decrece,
y me veo, tendida, ridícula, una sombra recortada en un papel,
entre el ojo del sol y los ojos de los tulipanes.
Y no tengo rostro, he querido desaparecer.
Los vívidos tulipanes me devoran el oxígeno.

Antes que ellos llegaran el aire era lo suficientemente calmo,
entrando y saliendo con mi aliento, sin alboroto.
Luego los tulipanes lo volvieron vibrante como un fuerte ruido.
Ahora el aire se enreda y se arremolina alrededor de ellos, como un río
choca y se arremolina alrededor de un barco hundido, oxidado y rojo.
Atraen mi atención, que era feliz
jugando y descansando sin comprometerse con nada.

También las paredes parecen estar calentándose.
Los tulipanes deberían estar enjaulados como animales peligrosos;
están abriéndose como la boca de una terrible pantera,
y yo soy consciente de mi corazón: que abre y cierra
el cáliz de su roja flor sólo por amor a mí.
El agua que pruebo es tibia y salada como el mar,
Y viene de un país tan lejano como la salud.


Ariel, Sylvia Plath