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miércoles, 9 de noviembre de 2016

la parole n'étant rien


Denis Roche


Interlude dans les chances : des voyelles et de l’érosion

« J’avoue le 20 que je me trouve dans un état
mort. » Des mets divins du poème charmant, comme
Le bagage dont s’apprête à disposer l’aubergiste,
Prennent en plein quelque reflet. Le tonnerre
Est à peine venu. Je reconsidère l’avancée
Brutale cette fois de la terre, celle en fri-
Che celle dont les gens sont morts où restent
Des abricotiers où la mort mais pas la leur tombe
Creusée dans les pois lieu des arrestations fos-
Et ainsi de suite la parole n’étant rien.
La fatigue pourrait-elle n’être qu’une sorte de
Discipline ? Qui me rendrait aveugle quand j’
Écris ? Les jeunes voisines de ta beauté
Pourraient en rire de notre colloque ne voyant
Pas ce que nos mains font des mets divins du
Poème charmant  ––––––––––––––––––––––

Denis Roche, Éros énergumène (1968) 


Interludio en las oportunidades: de las vocales y de la erosión

“Confieso el 20 que me encuentro en un estado
Muerto”. Manjares divinos del poema adorable, como
El equipaje que se apresura a disponer el posadero,
Toman de lleno algún reflejo. El trueno
Apenas ha venido. Reconsidero el avance
Brutal esta vez de la tierra, ésta en des-
Uso ésta cuyas gentes han muerto donde sigue habiendo
Albaricoqueros donde la muerte pero no la suya cae
Ahuecada en los guisantes lugar de los arrestos fos-
Y así sucesivamente la palabra no es nada.
¿El cansancio podría no ser más que una especie de
Disciplina? ¿Que me cegaría cuando
Escribo? Los jóvenes vecinos de tu belleza
Podrían reírse de nuestro coloquio al no ver
Lo que nuestras manos hacen de los manjares divinos del
Poema adorable------------------------------------------------------


Mi traducción de este poema y alguno más en Transtierros


domingo, 12 de octubre de 2014

13 formas de habitar una esquina


Elene Usdin 



I

Huyen avestruces —hay mujeres cuyas palabras son fresnos. Sombras hilvanan puertos de aire. Entre la estampida reposa la mano sobre el talud de una rodilla. Habano y humo. Rojizo ciprés el sueño. El olor sigue más allá del borde. Desde el buró —poder, sonríe destruida/ tiento ocre, cuerpo estrófico en el quicio. Vestíbulo.

II

Donde los náufragos cantan apunta el ojo. Hacia el rabillo austral de la mirada —dorada agua de la memoria— el tono plomizo del frío. Uno podría ser entendimiento crepuscular, avanzada furiosa de jauría humana pero el vórtice detiene la rebelión. Gotea aún el rompevientos. Y entre el invierno de milnovecientosetentaydos y el presagio del dosmildocefindelmundo un día y el otro. Gramática de Babilonia. Descenso.

III

Caramelos y una hormiga. Breve ataque de asma. Sedosas las patas recorren un dedo meñique. Este paisaje no es política: hueco, centro de bala o poema. Dos muros hacen un baldío entre sí. Menta, el caramelo es sabor menta.Huella.

IV

A ambos lados de la vía, —párpados inestables, lozam de 2 mg— la superficie de las cosas: tubos de acero, mosaicos (opus tessellatum), textiles sintéticos de corte abstracto. Dolor en el lenguaje. Monopolio cromático. Todo cuerpo desnudo mata a la teoría. Rota el espacio. Cielo.

V

Un punto un punto en particular un punto un punto esquivando su propio punto un punto que arroja otro punto el punto que aniquila su sombra un punto el punto en punto:
linde.

VI

Lluvia sobre penumbra. Pelaje y lamido. Ensoñación y notas en brote de murmullo. Herida que sostiene. En el trazo de un sonido veloz —cielo abierto sobre cuerpo, lengua —partículas de azul Berlín. Desliz en el cerco de la boca. Plexo.

VII

Al ojo el vuelo, petrel negro. Caminar sobre precipicio claramente delimitado. Colinas, nubes, bosque boreal. Mujer desvistiéndose sobre cama helada. Bajo los pliegues de su ropa una constelación de aguanieve. Arden las corvas. Barbera o Bonarda, fuerte sabor en boca. Filo.

VIII

En el cuerpo sésil de una hoja, apenas adherida, resplandece el estrato del mundo. Flujo audible. Inflexiones sostenidas por insinuación —dosel amazónico en medio del cuarto. Las hormigas deducen siempre el estado de las cosas.Intensidad de una figura dentro de otra, sonoridad del bulbo de luz, silbido en tono sordo. La cerveza cae al suelo. Tokonoma.

IX

Baúl en madera de fresno, motivos vegetales y geométricos en perfecta simetría. Pies móviles para elevarlo del suelo, cerradura con llave, asas en los costados que facilitan su transporte. Periodo: siglo XVIII. Nadie olvidará el color del brazalete. La economía a gran escala destruye voluntades. Un hombre anuncia que desaparecerá. Trino.

X

Ángulos óseos, formas y cuesta donde radica el ritual. Quién teme al aire. Fisura donde hay. Puerta pulida. Naturalezas muertas, humo de tabaco. Cruce. Un poema es una lima un día bisiesto un 31 de marzo un esquema mental un pinar. Retenes silenciosos demarcan umbral. Aire, pulmones saturados. Oxígeno para abastecer el cerco. Cercanía de pieles ante el viento. Jaula.

XI

Un punto, paraguas negro, bolígrafo de tinta azul, orden para no pensar en la muerte, una mancha seca de sangre, garabateo cadmio en algodón, arca con motivos repetidos sistemáticamente —clavel del monte o calta palustre. Toda la potencialidad del mirar: herida supurante espalda nupcial de un hombre labio bajo de grosor excitante cuerda que flota del fresno en vaivén madreperla ópalo de fuego luz diurna sobre escena movimiento y rastros. Cauterización.

XII

Júbilo y adoración en paréntesis. Sobre el cabello largo de esa mujer, vista en Baden Baden, sobresale una galaxia. No anillos de satélite. No corona de santidad. Réplica. Varios tañidos de campanas (no provincia eclesiástica) susurran una verdad a medias. Blancos y agrietados. Los labios. Se necesita una nueva contraseña para regresar a tiempo al mundo. Mientras la palabra aparece, ella dibuja sobre el agua una espiral. Resplandor.

XIII


Circulan autos en pulgada y media. Espacio hendido. Ladra un perro al fondo. Oropel. Pastelillo de arándanos y chispas de chocolate. Píldora sintética de felicidad. No era sólo balanceo de cumbia salsa samba. Gozne entre realidades, “mira tu cuerpo iridiscente, azul­moradoverde iridiscente”. Lenguaje. Territorio para la aparición de parques paisajísticos zonas urbas rehabilitadas laderas de casas con techo metálico piedras nucleicas espacios sacrificiales. Cajas y capas, espacio vital de pulgada y media. Nación.


Rocío Cerón, Dio­rama, Uni­ver­si­dad Autónoma de Nuevo León/Tabasco 189, Méx­ico, 2012


miércoles, 19 de febrero de 2014

wendy envejece en el jardín del aislamiento


Hin Chua



es esta lengua mi ortiga fluorescente mi plaga
mi llaga abierta
carcomiendo todo

me dijo sobrevaloras el lenguaje/ no creas que tiene la culpa de/ todo
qué falta de perspectiva
pero la lengua crece levanta la gran muralla china dentro
pensamientos pesadísimos que nunca logras
terminar nada más que basura al amanecer
y frente a todo eso lo que no se detiene

el esplendor de la hierba la decrepitud
germinando la capacidad de humillación
un crecimiento constante pero condenado
de colores inútiles plantas
toneladas de miedo abonando ese deseo
incontenible de cuerpos jóvenes



lunes, 2 de septiembre de 2013

carta


Annett Turki



fue en el segundo encuentro cuando él
me dijo aquello inexplicable sobre cierta textura vegetal
de mis dedos, había claro temperatura alta y humedad
al límite mi cuerpo ahí las abiertas
bocas de las flores derramando algún espeso zumo
imagina, de veras que el olor de tan dulce envenenaba se
trenzaba en el oxígeno y unas finas raíces
descendiendo por la tráquea
bueno los hechos no importan, qué puede
significar todo aquello, sólo que aquí
el sol es tan largo que aburre, creí que hacía bien
en escribirte, sí, no es que quiera huir, fue
una noche extraña sin música, sólo los pétalos que se
hinchaban transpiraban sus fundidos colores, por aquí
las calles son cada vez más estrechas
algo sofocante el aire como te decía se acercó pienso mucho
en ti, no puedo
escribir esto, Voz, lo siento


domingo, 24 de marzo de 2013

una felicidad caliente


Frida Kahlo




La Frida que yo traigo adentro, sólo yo la conozco. Sólo yo la soporto. Es una Frida que llora mucho. Siempre tiene ca­lentura. Está en brama. Es feroz. El deseo la embarga. El de­seo del hombre y de la mujer, el deseo que la cansa. Porque el deseo desgasta mucho, vacía, inutiliza. 
Ésta que ves, a los ojos, es un engaño. Ba­jo los labios que jamás sonríen se alinean dientes podridos, negros. La frente amplia, coronada por las trenzas tejidas de colores, esconde la misma muerte que corre por mi esquele­to desde que me dio polio. Mira, veme bien, porque quizá sea ésta la última vez que me veas. Mira mis ojos de vigilia y sueño, obsérvalos, nunca duermo o casi nunca, atravieso los días y las noches en estado de alerta, capto señales que otros no ven. (...)


La vida la perdí mu­chas veces pero también la recobré; volvía gota a gota en una transfusión, un beso de Diego, su boca sobre la mía, y luego se salía en una nueva operación. A lo largo de treinta años me hicieron treinta y nueve operaciones; en la última me cortaron la pata. «Pies para que los quiero si tengo alas pa' volar». También cuando Diego me dejaba se me iba la vida, pero eso me gustaba. A Diego quería yo darle mi vida. Amarlo hasta morir. Mi vida para que él viviera. A Diego lo quiero más que a mi vida. Yo las cosas no puedo guardármelas, no he podido jamás. Siempre he tenido que echarlas fuera, decirlas de al­gún modo, con el pincel, con la boca. Para decirme, para que otros me entendieran empecé a pintar. Mi cara. Mi cuerpo. Mi columna rota. (...)

Mis corsés. Cuántos corsés. Los corsés los pinté primero con violeta de genciana, con azul de metileno, los colores de la farmacia. Después quise adornarlos, volverlos obscenos, porque mi enfermedad era una porquería de enfermedad, una chingadera. Me jalaban del pescuezo, me estiraban las vértebras con tracción, y mi columna se hacía cada vez más frágil, mi espinazo cada día más inútil, oía yo tronar los huesi­tos como de pollo. Me inmovilizaban meses y meses para sa­lir con que no había servido de nada, pinches matasanos. Mu­chas veces me quise morir, pero también, con furia, quise vi­vir. Y pintar. Y hacer el amor. Y pintar que era como hacer el amor. No tenía otra cosa más que yo. Yo era lo mejor para mí. Y Diego. Cuando me casé con Diego me llegó una felicidad ca­liente. (...)

Todo lo pinté, mis labios, mis uñas rojo-sangre, mis pár­pados, mis ojeras, mis pestañas, mis corsés, uno tras otro, mi nacimiento, mi sueño, mis dedos de los pies, mi desnudez, mi sangre, mi sangre, mi sangre, la sangre que salió de mi cuerpo y volvieron a meterme, los judas que me rodean, el que cuida mi sueño en la noche, el judas que me habita y no dejo que me traicione. Al pintarlos no los exorcizaba, nunca quise exorcizar a nadie, ni a nada. Supe desde niña que si exorcizaba mis demonios sería india muerta.


Elena Poniatowska: "Diego, estoy sola, Diego ya no estoy sola: Frida Kahlo", en: Las siete cabritas, México 2000


viernes, 7 de diciembre de 2012

campo de minas


Jocelyn Catterson




escucha:              el temblor de las montañas
                               allá lejos
                               te sacude las vértebras



a qué hora regresaste anoche no te oí
no te oyó nadie
era         demasiado tarde

te han dicho no salgas a caminar por la llanura
cuando la hierba se deshace en niebla
no salgas sola la constelación de la muerte está escondida
debajo de las zarzas

pero tú caminas como nieve que
cae de un lado a otro caminas
como si fueras ciega y bailaras
sobre el inmenso campo de minas escucha
si pones el pie en ese preciso minuto
estalla
ay entonces ay un calor atroz gotea
desde tu rodilla
callas desde la ausencia palpitante
a dónde fue a parar tu pierna ahora escucharán el ritmo
entrecortado
cuando recorras la madrugada renqueando
de una casa a otra
quién iba a mirar a una muchacha coja por más que
se haya tragado entero
un campo de amapolas
se te han quemado las pestañas
y el borde del vestido azul sólo te queda
ese extraño gusto a pólvora y sangre
en las mejillas

sólo

tu corazón helecho

jueves, 26 de julio de 2012

punza, negra espina


Georg Trakl



Offenbarung und Untergang

Schweigend saß ich in verlassener Schenke unter verrauchtem Holzgebälk und einsam beim Wein; ein strahlender Leichnam über ein Dunkles geneigt und es lag ein totes Lamm zu meinen Füßen. Aus verwesender Blaue trat die bleiche Gestalt der Schwester und also sprach ihr blutender Mund: Stich schwarzer Dorn. Ach noch tönen von wilden Gewittern die silbernen Arme mir. Fließe Blut von den mondenen Füßen, blühend auf nächtigen Pfaden, darüber schreiend die Ratte huscht. Aufflackert ihr Sterne in meinen gewölbten Brauen; und es läutet leise das Herz in der Nacht. Einbrach ein roter Schatten mit flammendem Schwert in das Haus, floh mit schneeiger Stirne. O bitterer Tod.

Und es sprach eine dunkle Stimme aus mir: Meinem Rappen brach ich im nächtigen Wald das Genick, da aus seinen purpurnen Augen der Wahnsinn sprang; die Schatten der Ulmen fielen auf mich, das blaue Lachen des Quells und die schwarze Kühle der Nacht, da ich ein wilder Jäger aufjagte ein schneeiges Wild; in steinerner Hölle mein Antlitz erstarb.

Und schimmernd fiel ein Tropfen Blutes in des Einsamen Wein; und da ich davon trank, schmeckte er bitterer als Mohn; und eine schwärzliche Wolke umhüllte mein Haupt, die kristallenen Tränen verdammter Engel; und leise rann aus silberner Wunde der Schwester das Blut und fiel ein feuriger Regen auf mich.

G. Trakl


Revelación y ocaso (fragmento)

Estaba sentado, mudo, en una taberna abandonada bajo vigas ennegrecidas y solo ante mi vaso de vino; un cadáver radiante inclinado sobre algo oscuro y a mis pies un cordero muerto. Desde el pútrido azul surgió la pálida figura de mi hermana y así habló su boca sangrante: punza, negra espina. Ah, todavía resuenan las salvajes tormentas en mis brazos de plata. Corre, sangre, desde los pies lunares y florece sobre los nocturnos senderos por los que, gritando, se escabulle la rata. Encendeos, estrellas, sobre el arco de mis cejas; y el corazón repica suavemente en la noche. Con una espada flameante una roja sombra irrumpió en la casa, voló con frente nívea. Oh muerte amarga.

Y una oscura voz surgió de mí: en el bosque nocturno le rompí la nuca a mi caballo negro, cuando en sus purpúreos ojos asomó la locura; las sombras de los olmos cayeron sobre mí, la risa azul de la fuente y la frescura negra de la noche, cuando, cazador despiadado, maté un venado blanco como la nieve; mi rostro se apagó en un infierno de piedra.

Y una gota de sangre cayó brillando en el vino del solitario; y cuando lo bebí, sabía más amargo que la adormidera; y una nube negruzca envolvió mi cabeza, lágrimas cristalinas de ángeles condenados; y de la plateada herida de mi hermana suave corrió la sangre y una lluvia de fuego cayó sobre mí.

[Traducción de Jenaro Talens]


sábado, 14 de julio de 2012

con los huesos abiertos



Fred Jourda


fuera
las húmedas casas alineadas comen
niebla a orillas del río
por las calles la fría lengua del agua
moja la noche el cuerpo
cansado de la niña de viento reposa

dentro
en la casa sombría respira
se llena y se vacía de sal aguarda

con los huesos abiertos

se le crispa el gesto en la penumbra su piel
como un pañuelo de seda finísima
arrugada por la angustia
aún desde su sangre crece la hierba y
los insectos parpadean como luces de colores

fuera hay un entramado de calles maltrechas escaleras
cada vez más altas subiendo
en el nudo de las horas la madrugada hasta alcanzar
esa zona de aire enrarecido
ese minuto de silencio endureciéndose y los labios de la niña
cada vez más fríos
el olor verde azulado del agua desde sus brazos
ondea
va reflejándose por la hilera de casas
también en las pupilas heridas en ese imperceptible

no

hojita tierna estremeciéndose
de ruegos
se le adelgaza la voz hasta la hebra del miedo
sus cabellos lo desbordan todo como una
planta oscura

de pronto los ojos abiertos el tirón de los huesos
al erguirse
camina sobre los vidrios
una ráfaga de viento abre la puerta

la niña sale a los cañaverales


jueves, 21 de junio de 2012

gota a gota


Emily Halpern



Un día, mientras la esperaba allí, de pronto tuve mucho miedo. La puerta estaba abierta a la luz del sol y alguien silbaba en los establos, pero tuve miedo. Estaba segura de que en la habitación (¿detrás del colgador?) se escondía la mano seca de un hombre muerto, con plumas blancas de gallina y un gallo con el cuello cortado que agonizaba muy despacio, muy despacio. La sangre caía gota a gota en un barreño rojo y me pareció oírla gotear. Nadie me había hablado del obeah…, pero yo sabía lo que vería si me atrevía a mirar.

Jean Rhys, El ancho mar de los sargazos

sábado, 9 de junio de 2012

13h

Lina Scheynius



llena de nieve la mano, fui hacia ti
PAUL CELAN


el cansancio con su dedo ardiente levanta
una vez más la raída manta de la noche ofrece al buitre solar
mis despojos
acaso tengo que vivir tan ciega
con esta lámina de agua hirviendo
tras la frente y tras los párpados
el polvo de caliza me abrasa la nariz
convierte el aire en líquidos espesos
no puedo respirar los días no puedo tragar su zumo
ácido

hoy he abierto los ojos y no había horas y el cielo
era tan blanco
restos de cenizas aún flotaban en el aire

al amanecer alguien derramó sobre mi frente lejía
y me quemó la raíz del pensamiento
se borró el tapiz con las sombras las intrincadas posturas
de la noche
las súplicas la sangre solidificada
en líquenes hermosos
dónde estuve anoche dios mío
alcanzo a recordar el hueco de un árbol negro y seco
la huida
entre toda esa gente sus rostros hinchados
me duelen sus cuerpos deshechos los oigo
dormir resoplando como fuelles
hacinados en la madrugada estrecha
en sus oscuras cajas sudando unos contra otros
me tensan sus muecas inconscientes sus gestos contraídos

sólo cuando llegó el desconocido de la mirada clara
pude respirar
él me filtraba el aire en la boca me insuflaba
la flor del oxígeno el silencio su fría
luz azul


domingo, 27 de mayo de 2012

algo quiere ser dicho pero las palabras se niegan


Margaret M. de Lange






Från Mars -79

Trött på alla som kommer med ord, ord men inget språk
for jag till den snötäckta ön.
Det vilda har inga ord.
De oskrivna sidorna breder ut sig åt alla håll!
Jag stöter på spåren av rådjursklövar i snön.
Språk men inga ord.
 

De marzo del 79 

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras. 


La plaza salvaje, Tomas Tranströmer


sábado, 17 de marzo de 2012

Primavera


Robert Moses Joyce



Oh las horas de éxtasis salvaje, los atardeceres junto al verde río, las cacerías. Oh el alma, que cantaba suavemente el canto del cañaveral amarillento: devoción ardiente.
G. TRAKL


cómo transcurren las noches en la casa de la ciénaga
cuando la primavera llega y se bebe la fuerza me deja sólo un hilo
que ondea en el azul del aire
una náusea pálida lo que queda de la nieve
deshaciéndose

paso días enteros tejiendo azúcar en mi crisálida de lana
sin despertarme
sin sentir los pinchazos en los dedos
temo no encontrar la manera de curarme
de echar de mí a este ser que balbucea con mi voz
tan torpe
a este colibrí rabioso que aletea en el lugar del canto

de pronto sobreviene el dolor de cabeza como un puntal de acero taladrándome el cerebro

no digas lo que los hombres no pueden decir

otra vez viene y me cose la boca no la aguja no el hilo no
basta
hay que cerrar las ventanas las fisuras que dan al bosque

así vino la vieja y me cosió la boca las pestañas los oídos y el sexo. duerme.
duerme duerme duerme. así. olvida todo esto
si miras dentro verás la casa torcida la cabaña el circo donde las otras
aúllan y ríen como locas
es aquí dentro donde sucede el mundo (me explica)

horizontal en la penumbra sé que las ventanas destellan
que mi cuerpo se enfría se ofrece y yo
ya no soy más dueña sino habitante y recluida en las secretas cámaras
en mí

allí había una luz amarillenta y la niña del pelo en la cara comiendo luciérnagas
con la lengua quemada
temblaba desnuda bajo sus harapos pero con esos labios tiernos

esperando al cazador
al que la busca por los cañaverales jadeando

después ella gime se abre como un junco tronchado y hasta sonríe
quiere que el hombre venga y la arrastre hasta la cabaña quiere que
el hombre
:
es tan hermoso dejar que me coloque el pelo con los dedos y que después me reviente
de amor hasta dejarme sin sentido
mañana la habitación estará vacía el hombre se irá
y yo saldré de nuevo con mi lamparita a recoger ranúnculos silvestres

sí pequeña mendiga sucia pero con esa infusión de oro en los ojos y en los dedos


es tan hermoso correr con el barro hasta los rodillas y el hombre como un lobo
detrás
fundirme en el miedo beberme toda la sal que mis pupilas puedan diluir
sentir en la espina dorsal ya el momento sus manos
apresando mis tobillos
y el cuerpo aplastado
mis encajes raídos mis huesos tristes
es tan hermoso
no saber si llorar o reír o bramar como una gacela ensangrentada
mientras el hombre


...

domingo, 29 de enero de 2012

Después del incendio



Gregory Crewdson



El jardín neuronal fue repentinamente iluminado por un estallido de alfileres. Después se oscureció humeante, sin dejar de temblar.
Después.
Las ropas desceñidas.
Fue sólo cuestión de un chispazo, una descarga eléctrica y la repentina floración de durísimos cristales de sal sobre la lengua. Sed.
Después la resistencia, el empeño de refugiarme en lo cerrado, en especial porque el lenguaje me desfonda.
Los cabellos destrenzados.
Qué hay detrás de mi frente: UN BOSQUE DESPUÉS DEL INCENDIO.
Acaso algo se mueve todavía por ahí, hormiguea la vida diminuta de las cenizas, algo sucede en los huecos ocultos de los árboles. Todo eso bulle en lo más alto de mi pensamiento. Me enciende los dedos.
La niña descalza.
Ah ella. Cómo me enerva, con su cara sucia y las rodillas magulladas. Pero sobre todo por su risa. Entra y sale de la casa como un pájaro: por las ventanas, por la chimenea, por los tragaluces.
Yo vivo dentro de un horno, hace muchos años.
(Alguien pronuncia bajito el nombre de mi hermano amado: Franz. Toda esa ternura perdida me riega las mejillas).

Tengo tanta hambre.



jueves, 1 de diciembre de 2011

Alguien que murió antes que ella


Joana Nowakowska



...

-¿Qué es lo que dice, Juan Preciado?

-Dice que ella escondía sus pies entre las piernas de él. Sus pies helados como piedras frías y que allí se calentaban como en un horno donde se dora el pan. Dice que él le mordía los pies diciéndole que eran como pan dorado en el horno. Que dormía acurrucada, metiéndose dentro de él, perdida en la nada al sentir que se quebraba su carne, que se abría como un surco abierto por un clavo ardoroso, luego tibio, luego dulce, dando golpes duros contra su carne blanda; sumiéndose, sumiéndose más, hasta el gemido. Pero que le había dolido más su muerte. Eso dice.
-¿A quién se refiere?
-A alguien que murió antes que ella, seguramente.
-¿Pero quién pudo ser?
-No sé. Dice que en la noche en la cual él tardó en venir sintió que había regresado ya muy noche, quizá de madrugada. Lo notó apenas, porque sus pies, que habían estado solos y fríos, parecieron envolverse en algo; que alguien los envolvía en algo y les da calor. Cuando despertó los encontró liados en un periódico que ella había estado leyendo mientras lo esperaba y que había dejado caer al suelo cuando ya no pudo soportar el sueño. Y que allí estaban sus pies envueltos en periódico cuando vinieron a decirle que él había muerto.
-Se ha de haber roto el cajón donde la enterraron, porque oye como un crujir de tablas.
-Sí, yo también lo oigo.

Juan Rulfo, Pedro Páramo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Cuando la noche se vuelve aguja


Es precisamente entonces

cuando la noche

se vuelve aguja


las palabras como hordas

furiosas

me asaltan me empujan

me abren


contra el blanco muro de silencio:


tu nombre.


[Imagen: Arrival, Kris Lewis]

jueves, 16 de junio de 2011

La hambrienta



Ah! thou wouldst not suffer me to kiss thy mouth, Iokanaan. Well! I will kiss it now. I will bite it with my teeth as one bites a ripe fruit. Yes, I will kiss thy mouth, Iokanaan. I said it; did I not say it? I said it. Ah! I will kiss it now . . . . But wherefore dost thou not look at me, Iokanaan? Thine eyes that were so terrible, so full of rage and scorn, are shut now. Wherefore are they shut? Open thine eyes! Lift up thine eyelids, Iokanaan! Wherefore dost thou not look at me? Art thou afraid of me, Iokanaan, that thou wilt not look at me? . . .
And thy tongue, that was like a red snake darting poison, it moves no more, it speaks no words, Iokanaan, that scarlet viper that spat its venom upon me. It is strange, is it not? How is it that the red viper stirs no longer?. . . Thou wouldst have none of me, Iokanaan. Thou rejectedst me. Thou didst speak evil words against me. Thou didst bear thyself toward me as to a harlot, as to a woman that is a wanton, to me, Salome, daughter of Herodias, Princess of Judaea!
Well, I still live, but thou art dead, and thy head belongs to me. I can do with it what I will. I can throw it to the dogs and to the birds of the air.

That which the dogs leave, the birds of the air shall devour . . . .
Ah, Iokanaan, Iokanaan, thou wert the man that I loved alone among men! All other men were hateful to me. But thou wert beautiful! Thy body was a column of ivory set upon feet of silver. It was a garden full of doves and lilies of silver. It was a tower of silver decked with shields of ivory. There was nothing in the world so white as thy body. There was nothing in the world so black as thy hair. In the whole world there was nothing so red as thy mouth. Thy voice was a censer that scattered strange perfumes, and when I looked on thee I heard a strange music. Ah! wherefore didst thou not look at me, Iokanaan?
With the cloak of thine hands, and with the cloak of thy blasphemies thou didst hide thy face. Thou didst put upon thine eyes the covering of him who would see his God. Well, thou hast seen thy God, Iokanaan, but me, me, thou didst never see. If thou hadst seen me thou hadst loved me. I saw thee, and I loved thee. Oh, how I loved thee! I love thee yet, Iokanaan. I love only thee . . . .
I am athirst for thy beauty; I am hungry for thy body; and neither wine nor apples can appease my desire. What shall I do now, Iokanaan? Neither the floods nor the great waters can quench my passion. I was a princess, and thou didst scorn me. I was a virgin, and thou didst take my virginity from me. I was chaste, and thou didst fill my veins with fire . . . .
Ah! ah! wherefore didst thou not look at me? If thou hadst looked at me thou hadst loved me. Well I know that thou wouldst have loved me, and the mystery of Love is greater than the mystery of Death.

HEROD
She is monstrous, thy daughter; I tell thee she is monstrous. In truth, what she has done is a great crime. I am sure that it is a crime against some unknown God.

HERODIAS
I am well pleased with my daughter. She has done well. And I would stay here now.

HEROD
[Rising.] Ah! There speaks my brother's wife! Come! I will not stay in this place. Come, I tell thee. Surely some terrible thing will befall. Manasseh, Issachar, Ozias, put out the torches. I will not look at things, I will not suffer things to look at me. Put out the torches! Hide the moon! Hide the stars! Let us hide ourselves in our palace, Herodias. I begin to be afraid.

[The slaves put out the torches. The stars disappear. A great cloud crosses the moon and conceals it completely. The stage becomes quite dark. The Tetrarch begins to climb the staircase.]

THE VOICE OF SALOME
Ah! I have kissed thy mouth, Iokanaan, I have kissed thy mouth. There was a bitter taste on thy lips. Was it the taste of blood? . . . Nay; but perchance it was the taste of love. . They say that love hath a bitter taste. But what matter? what matter? I have kissed thy mouth, Iokanaan, I have kissed thy mouth. [A ray of moonlight falls on Salome and illumines her.]


Salomé, Oscar Wilde.


SALOMÉ: -¡Ah, no querías permitir que yo besara tu boca, Jokanaán! ¡Bueno! Ahora la besaré. La morderé con mis labios como se muerde una fruta madura. Sí, besaré tu boca, Jokanaán. Lo dije. ¡Ah! Ahora la besaré... ¿Pero por qué no me miras, Jokanaán? Tus ojos, que eran tan terribles, tan llenos de rabia y de desprecio, están cerrados ahora. ¿Por qué están cerrados? ¡Abre tus ojos! ¡Levanta tus párpados, Jokanaán! ¿Por qué no me miras? ¿Tienes miedo de mí, Jokanaán, que no quieres mirarme...? Y tu boca que era como una serpiente roja lanzando veneno, ya no se mueve, no dice nada ahora, Jokanaán, esa víbora escarlata que escupió su veneno sobre mí. Es extraño, ¿no es cierto? ¿Cómo es que la víbora roja ya no se mueve? No querías tener nada conmigo, Jokanaán. Me rechazaste. Dijiste palabras perversas contra mí. Me trataste de ramera, de perdida, a mí, a Salomé, hija de Herodías, Princesa de Judea. ¡Bueno, Jokanaán, yo estoy viva aún, pero tú, tú estás muerto, y tu cabeza me pertenece! Puedo hacer con ella lo que quiera. Puedo arrojarla a los perros y a las aves del aire... Lo que los perros desdeñen, las aves del aire lo devorarán... ¡Ah, Jokanaán, Jokanaán, eras el único hombre que he amado! Todos los otros hombres me son odiosos. ¡Pero tú, tú eras hermoso! Tu cuerpo era una columna de marfil colocada sobre un basamento de plata. Era un jardín lleno de palomas y de lirios de plata. Eras una torre de plata recubierta de escudos de marfil. No había nada en el mundo tan blanco como tu cuerpo. No había nada en el mundo tan rojo como tu boca. Tu voz era un incensario que esparcía extraños perfumes, y cuando te miraba, yo oía una música extraña. ¡Ah! ¿Por qué no me miraste, Jokanaán? Detrás de tus manos y de tus maldiciones escondiste tu rostro. Pusiste sobre tus ojos la venda del que desea ver a Dios. Bien, tú has visto a tu Dios, Jokanaán, pero a mí, a mí, nunca me has visto. Si me hubieras visto, me hubieras amado. Yo, yo te vi, Jokanaán, y te amé. ¡Oh, cómo te amé! ¡Todavía te amo, Jokanaán, te amo a ti solamente...! ¡Estoy sedienta de tu belleza; estoy hambrienta de tu cuerpo; y ni el vino ni la fruta pueden apaciguar mi deseo! ¿Qué haré ahora, Jokanaán? Ni las corrientes ni las grandes aguas pueden extinguir mi pasión. Yo era una princesa, y tú me despreciaste. Yo era virgen, y me quitaste la virginidad. Yo era casta, y tú llenaste mis venas de fuego... ¡Ah! ¡Ah! ¿Por qué no me miraste, Jokanaán? Si me hubieras mirado me hubieras amado. Sé bien que me hubieras amado, y el misterio del amor es mayor que el misterio de la muerte. El amor es lo único que cuenta.

HERODES: -Tu hija es un monstruo, un verdadero monstruo. En verdad, lo que ha hecho es un gran crimen. Estoy seguro de que es un crimen contra un Dios desconocido.

HERODÍAS: -Yo estoy de acuerdo con lo que ha hecho mi hija, y ahora me
quedaré aquí.

HERODES (LEVANTÁNDOSE): -¡Ahora habla la mujer incestuosa! ¡Vamos! No
quiero quedarme aquí. Vamos, te digo. Seguramente sucederá algo terrible. ¡Manasseh, Issachar, Ozías, saquen las antorchas! ¡Tapen la luna! ¡Tapen las estrellas! Escondámonos nosotros en nuestro palacio, Herodías. Comienzo a temer.

LOS ESCLAVOS SACAN LAS ANTORCHAS. LAS
ESTRELLAS DESAPARECEN. UNA GRAN NUBE
NEGRA CRUZA DELANTE DE LA LUNA Y LA TAPA
COMPLETAMENTE. LA ESCENA SE PONE MUY
OSCURA. EL TETRARCA COMIENZA A SUBIR
LA ESCALINATA.

LA VOZ DE SALOMÉ: -¡Ah! Yo he besado tu boca, Jokanaán. Yo he besado tu
boca. En tus labios había un gusto amargo. ¿Era el gusto de la sangre? Pero quizás era el gusto del amor... Dicen que el amor tiene un gusto amargo... ¿pero qué importa?
¿Qué importa? Yo he besado tu boca, Jokanaán.


[La imagen es una de las ilustraciones de Aubrey Beardsley para la primera edición francesa de la obra.]