jueves, 5 de mayo de 2016

el viento que levanta el polvo: muestra de poesía hebrea contemporánea


Micha Bar-Am, Parade, Beersheva, 1973




Rezo con devoción un libro de oraciones
de bordes rotos y todas las palabras que faltan
las veo volando hace ya mucho tiempo que vuelan
buscando reposo para la planta de sus pies
cómo les llevaré remedio si el corazón
de mi oracional de bordes carcomidos
se agotó y está desnudo.



Si alguien me preguntara
quién me va a preguntar quién me va a preguntar
dónde estabas
dónde estabas
aquellos días
pues bien, quizá en verdad
no estaba yo en aquellos días
aquellos días estaban en mí
todos los terrores estaban en mí
se sumieron enteros en mí
hasta ahogarme reduciendo
a polvo
toda mi alma.


Amir Gilboa (1917-1984)


*

Si hay tres o cuatro en una habitación

Si hay tres o cuatro en una habitación
siempre hay uno de pie a la ventana.
Obligado a ver la injusticia entre espinos
y los incendios en la colina.
Y cómo los hombres que salieron enteros
son devueltos a casa por la tarde en calderilla.

Si hay tres o cuatro en una habitación
siempre hay uno de pie a la ventana.
El oscuro cabello sobre sus pensamientos.
Y detrás las palabras.
Delante están las voces que vagan sin mochila,
corazones sin víveres profecías sin agua
y piedras grandes que han sido devueltas
y están cerradas como las cartas
sin dirección ni destinatario.



Boletín meteorológico

Estará nublado. Lloverá.
Seremos y moriremos. Estarás despierto.
Habrá brisas dormidas. Te veré
con emoción primera y dura.
Tú me verás, como la lluvia que cae
en tu rostro levantado hacia mí. Hará frío,
habrá subidas y bajadas. Y ¿a quién
hablaremos si no existiremos ya? Habrá
buenas condiciones para los amantes en la colina primitiva.
De los cuatro puntos cardinales de mi vida vendrá el viento.
Estará oscuro.
Habrá olas.
No habrá término medio.
Habrá una nube. Habrá un arcoíris en tu cuerpo.
No existiremos mañana. Hará frío
en los valles. Habrá niebla. Nos dispersaremos, nos dispersaremos.


Yehudah Ammijai (1924)


*

Últimos

Soy ya demasiado raro. Hace años
que sólo aparecía acá y allá
en los bordes de esta jungla. Mi pesado cuerpo
bien camuflado entre las cañas de junco y pegado
a la sombra húmeda circundante.
En condiciones de civilización no hubiera podido resistir.
Estoy cansado. Sólo los grandes incendios
me arrojan aún de escondite en escondite.

¿Y ahora qué? Mi fama está fundada sólo en el rumor
que de tiempo en tiempo
incluso de hora en hora
voy menguando.
Pero es verdad que en este instante alguien
sigue mis huellas. Con precaución levanto
todas mis orejas y espero. Los pasos,
ya está en las hojas muertas. Muy cerca. Cruje. ¿Es eso?
¿Yo soy él? Yo.
No lograré explicarlo.



Escrito a lápiz en un vagón sellado

Aquí en este convoy
Yo Eva
Con mi hijo Abel
Si vierais a mi hijo mayor
Caín hijo de Adán
Decidle que yo



Errores

Piensas que llegó al fin, pero sólo
son los primeros pasos pesados de la lluvia.

Piensas que se trata de un nuevo pesar,
pero es sólo una pared encalada como cada año.

Es una tentación sinuosa, piensas,
pero es sólo una serpiente de papel de seda.

Piensas que es un disparo aislado,
y es sólo el viento que ha cerrado de golpe la puerta.

Tú piensas que soy yo,
pero sólo soy yo.



Corazón repentino

Corazón repentino, acróbata sin cuerda
y sin reposo, ¿hasta cuándo?
Abajo, los caballos del circo iluminado agitan
las diademas de plumas de sus cabezas saludándote.

Y ya se lamentan por ti con ritmo sincopado
la tuba de triste gemido
y el contrabajo, viejo sentimental.
Para recibir tu caída
se tensa lejos, profundo,
el tambor.

Pero este vacío azul,
esta caída libre,
esta aguda alegría, oh corazón.


Dan Pagís (1936-1986)


*

De año en año

De año en año se hace más delicado,
al final será tan delicado,
dijo ella refiriéndose a esto.

Pero yo tengo a veces la impresión de que me ahogo en el tiempo,
tengo la impresión de que hace tiempo que me ahogo,
susurró.

Todo es porque te estás hundiendo, respondió ella.
Todo es porque te estás hundiendo, lo sabes.

No lo sé. A veces pienso que me deja mi fuerza.
Delicado, tú sabes, es otro lado de lo negativo.

Lo sé y te felicito por el descubrimiento,
te felicito por el color de tus ojos,
no dejas nada detrás de ti.

Pues eso justamente es lo que me inquieta,
pues ése es justamente quien produce mi duelo,
pues eso es lo que yo siento.

Te engañas otra vez: te sientes bien y el bien te rodea.
Está ya alrededor, te cabalga sobre los hombros,
si tuvieras paciencia, aún te abrazaría,
en resumidas cuentas tiene que besarte.
Tú sabes cómo pasan estas cosas.



3
Pero amo a mi mujer y a mis hijos,
dijo el preso bajo el aguacero
cuando lo conducían
por los paisajes pelados.

Repito que no es preciso,
contestó el monje considerando con atención
los grilletes de sus brazos y pies.

Desde aquí ya no está lejos el camino
explicó el guía.

Estas montañas fueron hace tiempo habitadas
por salvajes. Actualmente los salvajes escaparon
al interior del distrito de la costa. Los torbellinos que veis, la espuma
blanca de las olas –es lo que el mar
hace a los salvajes.

No continuó. Sentí un ligero ahogo en la garganta.
También yo había ido una vez por este camino.

Pero es mejor callar. No tengo nada que ver con ellos.
El viento que levanta el polvo y lo deja en herencia
a nuestros hijos, en forma de muerte, no recuerda nada.

El preso es un ser frágil. Su cuerpo vacilante-
una cigüeña blanca en la luz ciega.

No te apresures, dijo el guía, no te apresures,
no hay duda de que te precedió otro.



Su hermosura es desconocida

Su hermosura no es conocida. El viento
no se lo contó al árbol. El árbol
no se lo contó al tablón de la cerca.
El tablón de la cerca siempre dice: su hermosura,
digo, no es conocida. Así dice
el tablón hecho de árbol para ser cerca.

Su hermosura no es conocida. Sus ojos no son como un manantial negro
ni como la canción que a veces canta la brisa del otoño en la montaña
que dijo, la brisa del otoño, su hermosura, dijo,
no es conocida. Así dice el otoño que le leyó
susurrándole amor junto a la cerca hecha de un árbol
que dijo al tablón al que hicieron de un árbol para ser cerca hecha de un árbol:
su hermosura no es conocida.

Su hermosura no es conocida. Y no puedo decirlo
ni siquiera a mí mismo. Tengo que contenerme y pasear
por la tarde, cuando una sombra cae sobre otra sombra,
contentarme con callar y no gritar. Dármelo como norma:
No permanecer demasiado tiempo junto a la cerca,
ir más allá cuando la brisa del otoño pasa,
no escuchar cuando hablan de ella los jóvenes
ni cuando de ella dicen dulces palabras.
No detenerme cuando alguien se detiene
y no escuchar no vaya a cantar alguien,
no escuchar cómo susurra una voz dulce:
su hermosura no es conocida, como una quemadura de fuego.


Natan Zach (1930)


*

El tiempo cogido en una red

Volví a ser una niña pequeña,
de uñas negras de tanto trabajar
y de hacer túneles en la arena.
Allí donde mi ojo se posaban eran cintas de púrpura.
Muchos ojos brillaban como cuentas de plata.
Volví a ser una niña pequeña
de esas que en una noche recorren el mundo
y llegan al país de la China
y hasta Madagascar,
y que rompen platos y tazas
de tanto amor,
de tanto amor,
de tanto amor.



Canción de medianoche 1970

Otra vez como en tiempos pasados,
el dormitorio revuelto,
ceniza en todos los rincones.
Y vestidos tirados en montón,
una pila de cartas sin contestar
y una cama caliente.
Además ahora hay epidemia de gripe
y estoy enferma con perdón.
Ni este año
ni en todos los venideros
consentiré en renunciar a un pajarillo
que vuela en mi jardín,
y no cambiaré mi pajarillo por paloma o por abubilla.
Y otro año vendrá
y otra vez, como siempre,
estará mi garganta sofocada de amor.



Abismo llama a abismo

Pasé en Jerusalén días de rosas
qué es Jerusalén sino un barrio tras otro.
Fui a ella de niña y al cabo de los años
como una criatura extraña.
Estuve sola
en una casa ajena
los ojos levanté hacia las montañas
buscando ayuda.

Las nubes se daban la mano ante mis ojos
abajo alborotaban los oscuros cipreses.
De los confines de occidente de pronto
se abalanzó un asombroso pedazo de sol.

Mi añoranza me inundó como el mar
serrándome el cerebro como un grillo,
zumbando en mí como enjambre de abejas
en mi gran borrachera.

Dalia Ravikovitch (1936)


*

Si vas a un viaje de LSD

Si vas a un viaje de LSD
acuérdate que yo
jamás volví de allí
aún estoy allí
frente a la ventana
que deja ver la guillotina roja
mi cabeza va a ser cortada
estoy allí todavía
esperando que al momento siguiente
el terror del universo entero
descienda sobre mí como un cuchillo
los hilos de la sangre
van aún desde la toalla
al lavabo
no dominas la sangre
que lo sepas.


Yonah Wollach (1944-1985)


*

Clima II

Cae la lluvia una mañana de junio en Tel-Aviv.
Ante mis ojos cae imperceptiblemente.
Sobre los árboles oscuros y las casas cerradas en la calle Raines.
Una lluvia consoladora, como un sueño de niños en la cama.

Las caras están mojadas de bendición y los labios murmuran,
la luz graduada va a apoyarse sobre los extremos de las casas.
Y mil años parecen ayer, y el día de ayer
se absorbe en los cubos de cemento desteñido.

La floración de un amor es como un sarpullido en el antebrazo,
y miel de higos en la lengua que punza el paladar –
toda la carne habla como un teléfono
y lluvia figurada entra a chorros en el cuerpo.



Por ejemplo, invierno

El invierno de la ciudad despierto
no trae consigo deshoje. Amarilla
la luz en las ventanas. Un viento viaja
por la calle Dizengoff,
junto a una muchacha que camina
con amor entre las piernas, ya hace dos horas
con amor entre las piernas. Su madre
decía: Te llevé nueve meses bajo el corazón.
Así ya hace dos horas. También al otro lado de la carretera camina
gente hermosa, haciendo hermosas acciones. Por ejemplo,
Meir Wieseltier saca un versículo de su cabeza y lo enseña a los viandantes
el olor de mi hijo es como el olor del campo, The smell of my son is like
the smell of the field
de una lengua a otra pasa el fuerte aroma.


Meir Wieseltier (1941)


Fuente: Poesía hebrea contemporánea - Antología (traducciones de Teresa Martínez), Hiperión, Madrid, 1994.




martes, 19 de abril de 2016

la pieza que falta


Merih Sozeri


un momento de euforia y agitación seguido de una somnolencia desencantada
¿se acaba tan rápido?
sensaciones burbujeantes recorren la columna vertebral
¿por qué desperdiciar esto escribiendo?
disponibilidad espiritual, lo llaman
escribe el mensaje que te dictan
¿de qué hablas?
siempre es así contigo, parece que vas a escribir algo bueno pero te vienes abajo antes de llegar a ninguna parte
encontré un cuaderno casi en blanco nuevo en el que alguien había escrito:
la pieza que falta
la sensación más cotidiana es la extrañeza
ante el lenguaje que no cierra
la insuficiencia se filtra por las grietas y te ilumina, no hay nada más, nada mejor
¿acaso no puedes hacer algo con esto?
recoge los rayos de sol sobre tu bol de arroz y come, sugiero, pero no dejas de hablar, preguntas cómo puedes hacer, cómo acceder a una imagen semejante, cómo trepar la escarpada pared de tus percepciones, si las cosas pueden terminarse de repente sin que nada
haya sucedido:
-

lees: a menudo las personas que participan en estos acontecimientos están dormidas o desarrollando algún tipo de vida anímica subterránea o gestionando la transformación de sus tejidos hacia lo vegetal pero es en realidad en estos momentos cuando están dando lo mejor de sí, ignorantes y desprotegidos


entonces te ejercitas en tomar notas desprovistas de propósito: aquí estoy sintiendo crecer las fibras largas del alcohol la soledad los días que se esponjan y lo absorben todo se llenan de alimentos secos siento deseos de hacer las cosas que hacen las personas normales sabiendo que no cuando despierto recuerdo el eco de músicas subterráneas y a lo largo del día sigo la evolución de las nubes me informo sobre el volumen de agua caído en este mes observo cómo el hambre empieza a ocupar todo el espacio

martes, 15 de marzo de 2016

todo el cielo sobre la tierra


Angela Bacon Kidwell



Wendy: Me gustaría sentirme bien.
Completamente bien.
Algún día.
Me gustaría, en serio.
Pero ya ni siquiera sé lo que significa estar bien.
Estoy harta de darle vueltas a eso de “estar bien”.
¿Estás bien?
¿Estás bien?
Qué diablos voy a contestar.
Nunca estoy del todo bien.
Cuando vuelvo al hotel me doy cuenta de que no estoy del todo bien.
Ha terminado el día y no estoy del todo bien.
Aunque he conseguido terminar el día no estoy del todo bien.
Siempre es así.
No es algo dramático.
Es una enfermedad.
He aprendido a tratar este asunto como una enfermedad.
He aprendido a ser una enferma.
Me ha costado muchos años.
Me alivia ser extranjera.
Por ejemplo, extranjera y sola en Shanghai.
En Shanghai siento el alivio de ser extranjera ininterrumpidamente.
Ser extranjera me ayuda a soportar el sentimiento de no pertenencia a la vida.
En general, el sentimiento de no pertenencia.
Shanghai podría seguir siendo ese lugar al que acuden los expatriados.
No importa de dónde o de qué huyen.
De sí mismos, tal vez.
Y entonces puedo estar todo el día en la calle, en Shanghai.
Sintiéndome extranjera.
Cruzándome con los seres humanos más bellos jamás vistos.
Siguiéndolos hasta las puertas de sus casas.
Lo mejor es ser basura blanca en Shanghai.

Y entonces siento todo el cielo sobre la tierra.

En tu propia ciudad es muy difícil sentir todo el cielo sobre la tierra.
Tu ciudad está llena de personas gastadas, ya demasiado conocidas, ya desvelado su sucio interior.
Llega un momento en que sólo conoces a personas tan viejas como tú. Tan repulsivas como tú. Tan deprimentes como tú. Tan agotadas como tú.
Llega un momento en que no se pueden disimular las miserias.
Y las relaciones se pudren igual que la materia orgánica.
De un modo irreversible, en un proceso imparable.

Las relaciones nunca sobreviven a la condición humana.


Angélica Liddell, Todo el cielo sobre la tierra, en El centro del mundo (La Uña Rota, 2014)

lunes, 29 de febrero de 2016

en la memoria de otro

 
Jindrich Streit


À mon insu
j’étais entrée
dans la mémoire d’un autre

Je détournais
la circulation de son sang

Son monde labouré
par mon langage
ne coïncidait plus
avec celui
de sa vie quotidienne



Sin querer
había entrado
en la memoria de otro

Yo corrompía
la circulación de su sangre

Su mundo labrado
por mi lenguaje
ya no coincidía
con el de
su vida cotidiana


Anise Koltz, Galaxies intérieures, Arfuyen

traducción propia, más poemas en La tribu de Frida ^^



lunes, 15 de febrero de 2016

casi un invierno en el ojo



Gustaf Emanuelsson




Atravesamos una región de tocones pesados
y de pinos – las carreteras apretadas. Pienso el
blanco por terrones fríos que un mes lleno
no ha calentado. La luz aplasta
las prímulas, es demasiado. Demasiado como
solo y rápido. La carretera aprieta más fuerte y
todavía nos preguntamos qué quiere decir
marcharse, volver o simplemente pasar.

[…]

La luz al encuentro, siempre, y la muerte
bastante cerca en el pájaro, el patio, el liquen
de los troncos, incluso en las respiraciones lentas
en el primer piso. La tierra se derrumba en la boca
y por todas partes. Arrancamos las imágenes tan
vanas y machacadas como los terrones de ayer.
Nos gastamos diciendo eso en palabras débiles, in-
capaces, y tal vez deberíamos callarnos.

Y esos terrones, todavía, que ya no están ahí
pero su frío tenaz – casi un invierno
en el ojo, más tardío, y burbuja en la templanza.
El ojo y el pensamiento se oyen donde lo alto
toca lo bajo. Volvemos a ver en la ventana los
precios seguros de la gasolina, la grisalla, y todo
pasa. Nos mantenemos a flote en pocas cosas:
este presente devastado; el lugar impronunciable.

Lo que mariposea y arde bajo la bombilla o
moja, más bajo, los musgos y cascajos, la
hiedra gris-muerto – todo eso caído en mi sucia
manía de amasar lo poco en pocas palabras, todo
eso posado en la espera que no ayuda a la espera, ahí,
como las manos sobre la mesa, dos bestias perdidas.
Y pienso en el amigo lejos, su casa lejos, su orilla
de mar que mece, lo suelta a lo lejos, tan solo en el umbral.


(traducción propia)


*


On traverse un pays de souches lourdes
et de sapins – les routes serrées. Je pense le
blanc par mottes froides qu’un mois plein
n’a pas réchauffées. La lumière écrase
les primevères, c’est trop. Trop comme
seul et vite. La route serre plus fort et
toujours on se demande ce que veulent
dire partir, revenir et simplement passer. 

[...]

La lumière au devant, toujours, et la mort
assez près dans l’oiseau, la cour, le lichen
des troncs, même dans les respirations lentes
à l’étage. La terre s’éboule dans la bouche
et partout. On arrache des images aussi
vaines et ressassées que les mottes d’hier.
On s’use à dire ça dans des mots faibles, in-
capables, et peut-être qu’il faudrait se taire. 

Et ces mottes, encore, qui ne sont plus là
mais leur froid tenace – presque un hiver
dans l’œil, plus tardif, et bulle dans le redoux.
L’œil et la pensée s’entendent où le haut
touche le bas. On retrouve à la fenêtre les
prix sûrs de l’essence, la grisaille, et tout
passe. On reste à flot dans peu de choses :
ce présent dévasté ; l’imprononçable endroit

Ce qui papillonne et brûle sous l’ampoule ou
mouille, plus bas, les mousses et gravats, le
lierre gris-mort – tout ça tombé dans ma sale
manie d’amasser le peu dans peu de mots, tout
ça posé dans l’attente qui n’aide pas l’attente, là, 
comme les mains sur la table, deux bêtes perdues.
Et je pense à l’ami loin, sa maison loin, son bord
de mer qui berce, le laisse au loin, si seul au seuil. 

Armand Dupuy, Par Mottes froides,  éditions Le Taillis Pré, 2014


lunes, 8 de febrero de 2016

lugares por donde pasé



William Eggleston



1


las calles cercanas a la desembocadura, construidas entre la vegetación que rodea al río, es decir, puedes sentir al fondo la humedad la tierra fangosa, es como cuando uno participa en determinado tipo de conversaciones y siente el suelo ablandándose bajo las pies, esa precisa forma del desmoronamiento, y el calor fundiendo estructuras bajo la frente, así era caminar por esas calles blancas, relucientes de pobreza, los vestidos coloridos y el denso mapa de arrugas complicando el sistema surface-trous
nada se mueve allí salvo las salamandras, al cabo de un rato no consigo dominar las piernas y el sol se deshace como un alcohol espeso,
allí era imposible pronunciar determinadas palabras, el tono de la voz se hacía quedo, al despertar todo se reducía a un polvillo amarillento, persistente como un dolor de cabeza

2

después estaba el puerto, con sus sucias aguas estancadas, cerca de la fábrica de hielo, allí los hombres con bocas roídas por la sal cantaban a media voz en otras lenguas, o no, eran sólo palabras troceadas, frases descolgadas, como aquella vez el encuentro furtivo entre los barcos, la arena quemando y enseguida las algas mojadas nos entraban en los pulmones, todo lo que no alcanzábamos casi parecía estar al lado
cuando el mar va ganando terreno por dentro apenas hay dónde agarrarse, dijo, o algo así, sólo cambiar al ciclo de las mareas, su movimiento incesante llevando y trayendo lo poco que uno ha conseguido reunir sobre sí: caracolas resquebrajadas, el caparazón de un cangrejo, la débil raspa de un pez transparente
no encontré lo que fuera que buscaba, me fui de nuevo, los rumbos son producto del azar
los regresos, tristes accidentes

3

junto a los cañaverales, ya he hablado tanto sin éxito, allí la pequeña bestia gruñendo, nutriéndose de insectos, el pelo más que sucio de hierbas, plumas, apenas se le ve la cara, su voz gorgoteando sobre el cuadrante lunar y la esforzada conjunción arriba lo que mira largo rato en desconcierto después de haber acechado horas y horas o de haber huido sobre todo por el cariz descontrolado que toman los acontecimientos que suceden en Dentro/Fuera, eso que no se explica y se parece a un nudo hecho con rabia siempre en el mismo sitio, eclosiones, ranas, lagartijas, escolopendras, sucesión frenética de muerte y nacimiento
qué quedó de ella, qué encontraron, un montoncito de cáscaras acumuladas, su nido hecho con juncos en medio del cieno, piedras brillantes que a veces recogía, despojos, no tenía nada, carecía incluso del tramposo don de la palabra



sólo me rompo


*** podéis leer la selección completa aquí ^^


sábado, 30 de enero de 2016

al fondo del jardín


Denise Grünstein


L’inespéré, au fond du jardin, prenait forme. Des pans entiers de murs s’écroulaient les uns après les autres derrière les lilas. Ils tombaient en silence, lentement, comme s’ils étaient atteints d’une maladie qui les menait à la poussière. Un chancre blanc les recouvrait par endroits, mettant à jour leur faiblesse que les touffes de fleurs dans leur nuance de mauve avaient un temps épargnée. L’inespéré naissait sous nos yeux, ouvrant une fenêtre sans rideaux ni volets que même les rigueurs de l’hiver ne fermeraient plus. Le passé pouvait alors surgir dans l’attente qui nous consumait. 
(p. 44)

*

Ce qu’il fallait fournir d’efforts pour paraître entiers. Le moindre faux pas, le moindre écart pouvaient nous être fatals. Nous connaissions les règles, le temps est une avalanche à venir, et nous nous savions également porteurs d’une échéance à plus ou moins long terme. Nous avions pris l’habitude de pleurer, sans doute pour nous protéger ou mieux, prévenir ceux qui restaient à l’écart. Nulle parole, nulle foi ne parvenaient à nous contraindre. On appelait le noir, les pierres et les chants funèbres. 
(p.48)

Alain Éludut, Géographiques, L’Étoile des limites, 2014. 





Lo inesperado, al fondo del jardín, tomaba forma. Pedazos de muros se derrumbaban unos tras otros detrás de las lilas. Caían en silencio, lentamente, como si los hubiera alcanzado una enfermedad que los condujera al polvo. Un cancro blanco los recubría a trozos, poniendo luz a la debilidad que las matas de flores en su matiz de malva habían evitado durante un tiempo. Lo inesperado nacía bajo nuestros ojos, abriendo una ventana sin cortinas ni postigos que ni siquiera los rigores del invierno cerrarían de nuevo. El pasado podía entonces surgir en la espera que nos consumía.

*

Cuántos esfuerzos hacía falta realizar para parecer entero. El menor paso en falso, el menor desvío podían sernos fatales. Conocíamos las reglas, el tiempo es una avalancha por venir, y nos sabíamos igualmente portadores de un fin de plazo más o menos lejano. Habíamos cogido la costumbre de llorar, sin duda para protegernos o mejor, prevenir a los que permanecían al margen. Ninguna palabra, ninguna fe conseguían contradecirnos. Convocábamos a lo negro, a las piedras y a los cantos fúnebres.


(traducción propia)


sábado, 23 de enero de 2016

el espesor del sueño

 
Sandy Kim


PROGRESS

The thickness of sleep,

the sense of swarm,
of nebulous propagation

from wich we wake
by narrowing,

“sharpening”

our focus.

*

The tree sisters
are you,

babbling, in drag,

and what’s so strange
about that?

They foresee your downfall,
but urge you on.

Where is there to go
but down?

You want to go,
don’t you?

*

If we think dying
is like falling

asleep,
then we believe

wrongly, rightly
that it’s a way

of sinking into
what happens,

joining the program

in progress


Rae Armantrout, Necromancia, Kriller71 Ediciones
Traducción de Patricio Grinberg & Aníbal Cristobo:


EN CURSO

El espesor de sueño,

el sentido del enjambre
de propagación nebulosa

de la que nos despertamos
por reducción,

“afilando”

nuestro enfoque.

*

Eres
las tres hermanas raras,

balbuceando, travestido,

y qué es lo extraño
de eso?

Predicen tu caída,
sin embargo te alientan.

Adónde ir
si no es hacia abajo?

Quieres ir,
no?

*

Si pensamos que morir
es como caer

dormido,
entonces creemos

equivocados o no
que es una forma

de hundirse en
lo que pasa

sumarse al programa
en curso.


miércoles, 13 de enero de 2016

la noche de los recorridos


Lieko Shiga


entonces vi los materiales metálicos amontonándose en amasijo gris mate no entendí no eran esos mis ojos sin embargo algo está cuajando es lo que se ha vuelto sólido pero sigue siendo repugnante por ejemplo el terror también recibí un pequeño resplandor llegó de repente con significado inexacto aquí a los ojos que quieren y no consiguen cerrarse del todo no mirar alrededor porque sí todo fue demasiado rápido y demasiado lento no acababa nunca la noche la gente también se amontonaba queriendo correr dispersarse entonces las vías empezaron a cerrarse los vasos circulatorios no deben transportar más dijeron es arriesgado consideran
la luz en las pantallas endurece los rostros las retinas ansiosas por consultar y saber ser informadas pero todo se está desdoblando todo se abre y se bifurca no hay patrón que descifrar  las cifras suben las historias aparecen o desaparecen toman todas las formas posibles se truncan quedan los que siguen corriendo los que logran mutar por una línea recién trazada un borde sin vigilancia fue la noche de los recorridos cada uno veía crecer esa pregunta dentro cuál será la ruta exacta cada uno sopesaba los posibles encuentros los cruces callejeros dónde estará escondido el próximo paquete de gritos cómo no abrirlo cómo hacer para detectarlo y esquivarlo por una vez todos parecimos desear lo mismo y si pudiera volverme transparente nada más que viento y vigilia podría alcanzar ese estado deseando con más fuerza podría correr más rápido si sólo supiera llevar lo importante deshacerme del rostro me responde todo depende de nuestra capacidad de mantener el ensamblaje mínimo o de tejer filamentos finos pero flexibles  resistentes filamentos para mantener el contacto
pero sobre todo aprender a esquivar los pozos donde el discurso se vuelve pegajoso se estanca en lo cerrado hay pozos de esos a cada rato trampas que sortear
durante las siguientes noches los caídos se acumulan como cangrejos en el balbuceo inmundo

domingo, 1 de noviembre de 2015

los monstruos beben leche


Édouard Boubat




El Perro de Orión

El cine está lleno de niños. Los monstruos vuelan,
los monstruos beben leche. Tan sólo el mundo
es intraducible, y el resto se podría recoger
en una caja de tizas. No tengo por costumbre

aullar, pero hoy quisiera ser perro. Devienes adulto
cuando sientes pesar. ¿Pesar? Tan solo en la distancia
la vida que centellea ante los ojos como un renacuajo
es, al dejar atrás los cuentos, más bella que los cuentos.

Al lado de esto, el mundo es un pequeño jardín japonés,
una bola donde baila una ventisca. Lo puedes esconder
en el bolsillo de los pantalones y ser un monstruo de nuevo,
vivir sencillamente de un hambre premonstruosa

y devorar las piedras, la tierra, el cielo, las estrellas,
y seguir con apetito, aullar cuando los otros se duermen.


Colonias, Tomasz Różycki, Vaso Roto, 2015

(Traducción de Xavier Farré)