domingo, 7 de diciembre de 2014

las palomas existen


Annija Muizule


4

duerne findes; drømmerne, dukkerne
dræberne findes; duerne, duerne;
dis, dioxin og dagene; dagene
findes; dagene døden; og digtene
findes; digtene, dagene, døden



las palomas existen; los soñadores, las muñecas
los asesinos existen; las palomas, las palomas;
niebla, dioxina y días; los días
existen; los días y la muerte; y los poemas
existen; los poemas, los días, la muerte




Inger Christensen, Alfabeto, (Sexto Piso)
Traducción de Francisco J. Uriz


jueves, 27 de noviembre de 2014

el río


Shinya Arimoto



el cauce del río trae toneladas de residuos. hay hombres y mujeres jóvenes que trabajan recogiendo y vendiendo lo que pueda haber de útil. a la hora de comer hacen una hoguera y cocinan pescados a la brasa, para compartir. también hay una muchacha que no sabe hablar, pero siempre está sentada al lado de los otros y escucha. su trabajo consiste en tejer cestas de mimbre para transportar las mercancías que los nadadores recogen

todos vuelven al trabajo, y la muchacha mira los restos de pescado, las raspas, quisiera confeccionar con ellas un instrumento musical extraño o un pequeño peine. lo que le gusta es quedarse cerca del agua y trabajar con las manos, es hábil para eso. lo que detesta es el torrente estruendoso de la mujer que ríe o del hombre enfurecido. la muchacha abre los ojos como una especie de pez de tierra, la pequeña boca inmóvil, y mira las aguas profundas, ella sólo se sumerge por la noche, y siempre sola

la muchacha-anfibio contempla a los nadadores y piensa en la resistencia de sus pulmones, han aprendido a forzarlos para resistir cinco minutos sin respirar, bajo el agua. la muchacha piensa en el límite de esa capacidad, imagina las membranas rompiéndose, quizá sólo una fisura estrecha y las bolsas respiratorias llenándose de agua. entonces atardece, el cielo comienza a apagarse y la muchacha sigue sola sentada cerca de la orilla, los cestos de mimbre se van llenando de silencio oscuro mientras sus dientes relucen quedamente en una sonrisa que se abre a la noche


lentamente los cuerpos esbeltos florecen, uno tras otro, hinchados de agua, a la luz de la luna




miércoles, 19 de noviembre de 2014

como ramita doblada


Anna Gawlak


Despite Her Pain, Another Day

River fogs (7 AM) stray and begin, shiver and begin
on the September mill rocks.
Bits of leaf mirror along. I have arrived at my sanity.
Evidence (7 PM) : while she medicates I walk by the river.
Millwheel smells like weet cornhusk.
On my back (2.38 AM) in the dark at Dorset Motel I listen to the radiator click
and to her, awake on the other side of town
in the hot small room
gripping a glow-in-the-dark-rosary.
Whatever they say about time, life only moves in one direction,
that's a fact, mirroring along.
River fogs (7 AM) go flayed and silvery
when it dawns dark
on the day I leave.
DANGER DO NOT DROP OR DRAG ANCHOR
reads a sign just off the selvedges.
Minddingness gulps us.
Her on the bed as bent twigs.
Me, as ever, gone.



A pesar de su dolor, otro día

La niebla del río (7 am) se dispersa y comienza, se estremece y comienza
sobre las otoñales piedras del molino.
Restos de hojas resplandecen. He hallado mi cordura.
La evidencia (7 pm) : ella toma sus medicamentos, yo doy un paseo por el río.
La rueda de molino huele a húmeda hoja de maíz.
Detrás de mí (2:38 am) en la oscuridad del Motel Dorset oigo el clic del calentador
y a ella, que se despierta en el otro extremo de la ciudad
en un cuarto pequeño y cálido
aferrándose a un rosario que brilla en lo oscuro.
No importa qué se diga del tiempo, la vida va en una sola dirección,
es un hecho, y resplandece.
La niebla del río (7 am) es plata desollada
cuando amanece oscuro
el día de mi partida.
PELIGRO NO LEVAR NI ECHAR ANCLAS
dice el letrero justo en la orilla.
La no conciencia nos engulle.
Ella en la cama como ramita doblada.
Yo, como siempre, ida.



Decreación, Anne Carson. Ed. Vaso Roto

Traducción de Jeannette L. Clariond


jueves, 16 de octubre de 2014

shigeko escribe un diario de racionamiento


Masadaku Masiyama


como si estuviera incrustada en algún hueco
sobre el que pivota la isla
observo a mi alrededor
todos se mueven con enorme rapidez
buscan buscan buscan me pregunto qué
yo sólo me preocupo de la pervivencia
de los que todavía puedo ver
no supe nunca apegarme a lo invisible

pero es cierto, algunas cosas han cambiado
los 4 de arroz o cebada por persona
ahora son sólo 3

hago una lista con las sustancias que nos mantienen
aquí lo que logré reunir esta mañana:
un pastel de tofu
una sardina
dos repollos chinos
cinco o seis zanahorias
raíces de bardana
un manojo de espinacas

no comprendo ese hongo inmenso que carcome las noches
ni el nuevo sabor del agua
no comprendo las palabras ayer hace una semana hace un mes

preparo una pasta espesa con restos de soja
servirá para la sopa salada de la noche
tengo las manos frías y la cabeza vacía vuelvo útil todo
lo que toco
comemos el desastre la pobreza la asimilamos dentro
de los huesos una planta creciendo en nuestro estómago
nos desgajamos despacio de la ciudad que conocimos
extraemos alimento del vacío

por eso tomo notas cada día
hago hervir las verduras borro mis palabras mi lengua
mastico unas judías resecas mientras cae la tarde
la enorme nube borró el mundo los ecos desaparecieron
no queda nadie
la isla flota a la deriva en el caldo radioactivo




domingo, 12 de octubre de 2014

13 formas de habitar una esquina


Elene Usdin 



I

Huyen avestruces —hay mujeres cuyas palabras son fresnos. Sombras hilvanan puertos de aire. Entre la estampida reposa la mano sobre el talud de una rodilla. Habano y humo. Rojizo ciprés el sueño. El olor sigue más allá del borde. Desde el buró —poder, sonríe destruida/ tiento ocre, cuerpo estrófico en el quicio. Vestíbulo.

II

Donde los náufragos cantan apunta el ojo. Hacia el rabillo austral de la mirada —dorada agua de la memoria— el tono plomizo del frío. Uno podría ser entendimiento crepuscular, avanzada furiosa de jauría humana pero el vórtice detiene la rebelión. Gotea aún el rompevientos. Y entre el invierno de milnovecientosetentaydos y el presagio del dosmildocefindelmundo un día y el otro. Gramática de Babilonia. Descenso.

III

Caramelos y una hormiga. Breve ataque de asma. Sedosas las patas recorren un dedo meñique. Este paisaje no es política: hueco, centro de bala o poema. Dos muros hacen un baldío entre sí. Menta, el caramelo es sabor menta.Huella.

IV

A ambos lados de la vía, —párpados inestables, lozam de 2 mg— la superficie de las cosas: tubos de acero, mosaicos (opus tessellatum), textiles sintéticos de corte abstracto. Dolor en el lenguaje. Monopolio cromático. Todo cuerpo desnudo mata a la teoría. Rota el espacio. Cielo.

V

Un punto un punto en particular un punto un punto esquivando su propio punto un punto que arroja otro punto el punto que aniquila su sombra un punto el punto en punto:
linde.

VI

Lluvia sobre penumbra. Pelaje y lamido. Ensoñación y notas en brote de murmullo. Herida que sostiene. En el trazo de un sonido veloz —cielo abierto sobre cuerpo, lengua —partículas de azul Berlín. Desliz en el cerco de la boca. Plexo.

VII

Al ojo el vuelo, petrel negro. Caminar sobre precipicio claramente delimitado. Colinas, nubes, bosque boreal. Mujer desvistiéndose sobre cama helada. Bajo los pliegues de su ropa una constelación de aguanieve. Arden las corvas. Barbera o Bonarda, fuerte sabor en boca. Filo.

VIII

En el cuerpo sésil de una hoja, apenas adherida, resplandece el estrato del mundo. Flujo audible. Inflexiones sostenidas por insinuación —dosel amazónico en medio del cuarto. Las hormigas deducen siempre el estado de las cosas.Intensidad de una figura dentro de otra, sonoridad del bulbo de luz, silbido en tono sordo. La cerveza cae al suelo. Tokonoma.

IX

Baúl en madera de fresno, motivos vegetales y geométricos en perfecta simetría. Pies móviles para elevarlo del suelo, cerradura con llave, asas en los costados que facilitan su transporte. Periodo: siglo XVIII. Nadie olvidará el color del brazalete. La economía a gran escala destruye voluntades. Un hombre anuncia que desaparecerá. Trino.

X

Ángulos óseos, formas y cuesta donde radica el ritual. Quién teme al aire. Fisura donde hay. Puerta pulida. Naturalezas muertas, humo de tabaco. Cruce. Un poema es una lima un día bisiesto un 31 de marzo un esquema mental un pinar. Retenes silenciosos demarcan umbral. Aire, pulmones saturados. Oxígeno para abastecer el cerco. Cercanía de pieles ante el viento. Jaula.

XI

Un punto, paraguas negro, bolígrafo de tinta azul, orden para no pensar en la muerte, una mancha seca de sangre, garabateo cadmio en algodón, arca con motivos repetidos sistemáticamente —clavel del monte o calta palustre. Toda la potencialidad del mirar: herida supurante espalda nupcial de un hombre labio bajo de grosor excitante cuerda que flota del fresno en vaivén madreperla ópalo de fuego luz diurna sobre escena movimiento y rastros. Cauterización.

XII

Júbilo y adoración en paréntesis. Sobre el cabello largo de esa mujer, vista en Baden Baden, sobresale una galaxia. No anillos de satélite. No corona de santidad. Réplica. Varios tañidos de campanas (no provincia eclesiástica) susurran una verdad a medias. Blancos y agrietados. Los labios. Se necesita una nueva contraseña para regresar a tiempo al mundo. Mientras la palabra aparece, ella dibuja sobre el agua una espiral. Resplandor.

XIII


Circulan autos en pulgada y media. Espacio hendido. Ladra un perro al fondo. Oropel. Pastelillo de arándanos y chispas de chocolate. Píldora sintética de felicidad. No era sólo balanceo de cumbia salsa samba. Gozne entre realidades, “mira tu cuerpo iridiscente, azul­moradoverde iridiscente”. Lenguaje. Territorio para la aparición de parques paisajísticos zonas urbas rehabilitadas laderas de casas con techo metálico piedras nucleicas espacios sacrificiales. Cajas y capas, espacio vital de pulgada y media. Nación.


Rocío Cerón, Dio­rama, Uni­ver­si­dad Autónoma de Nuevo León/Tabasco 189, Méx­ico, 2012


domingo, 21 de septiembre de 2014

enjambre de amaneceres



Winston Duke




ENJAMBRE DE AMANECERES, REBAÑO DE INQUIETOS MEDIODÍAS

Aún queda mucho por escribir en el Libro de los Errores.
El vetusto redactor está ciego, para cualquier asunto práctico

carece de imaginación, y los ratones de campo le han roído
su texto original para la madriguera. Te amé por primera vez, recuerdo,

cuando estabas de pie en la cocina entre perezosas motas
de polvo veraniego y yo troceaba una nectarina para la ensalada marroquí

y las botas sieteleguas de tu pena íntima. Puede que en él
la sintaxis sea un poco como el alambre de empacar heno. Confiado,

el alambre debe actuar como Paul Klee con un lápiz. Heno
es la vieja palabra inglesa para golpe. Golpeas la hierba

al voltearla, supongo, cuando es lamento. Segada. Los ratones de campo
devastaron el jardín del monasterio. Quizá porque es verano

y los atardeceres se colman de halcones en la ciénaga y las noches se suavizan
con las lechuzas, no podían dejar la hierba sola: royeron las raíces

del romero, picaron en la salvia, el orégano y tomillo.
Qué lástima que la eglantina no sea una hierba, porque es una palabra

Que gustaría utilizar aquí. Su coloración es un híbrido
Entre el ámbar del caucho y el pequeño destello de aurora rosada en el grano

De una almendra. Es un misterio para mí que tenga yemas en los dedos.
El cuchillo estaba muy afilado. Las olorosas lunas de naranja rosada,

Lunas en cuarto menguante, de fruta, cayeron en el recipiente
Con tanto cuidado como si dos personas que vivieran en ciudades separadas

caminaran a sus respectivas panaderías bajo la lluvia. La de ella
Huele mejor que la de él. La acre nube de levadura de la masa fermentada

Flota en el aire como el aroma de la creación. Ambos compraron
Rebanadas de hogazas, caminaron hasta casa, se dirigieron

Con paso rápido a la cocina desde la entrada y las rebanadas al desparramarse
Hicieron exactamente la misma figura en el suelo. Las nectarinas

Olían como el Libro de la Suerte. Había una ligera niebla
En la bahía a la caída del sol mientras la luna menguante nadaba en sus pliegues.

Los Miwoks llaman Luna de la Única Tarjeta de Crédito.
Habría dado la yema de mis dedos por tocar tus pómulos,

Y lo hice. Aquella noche el viejo monje dejó pronto de trabajar. Estaba
terminando, de todos modos, y había tomado en las vísperas un poco de licor de pasas.



Robert Hass, Tiempo y materiales
Bartleby editores (Traducción de Jaime Priede)



A Swarm of Dawns, A Flock of Restless Noons


There’s a lot to be written in the Book of Errors.
The elderly redactor is blind, for all practical purposes.

He has no imagination, and field mice have gnawed away
His source text for their nesting. I loved you first, I think,

When you stood in the kitchen sunlight and the lazy motes
Of summer dust while I sliced a nectarine for Moroccan salad

And the seven league of boots of your private grief. Maybe
The syntax is a little haywire there. Left to itself,

Wire must act like Paul Klee with a pencil. Hay
Is the Old English word for strike. You strike down

Grass, I guess, when it is moan. Mown. The field mice
Devastated the monastery garden. Maybe because it was summer

And the dusks were full of marsh hawks and the nights were soft
With owls, they couldn’t leave the herbs alone: gnawing the roots

Of rosemary, nibbling at sage and oregano and lemon thyme.
It’s too bad eglantine isn’t an herb, because it’s a word

I’d like to use here. Her coloring was a hybrid
Of rubbed amber and the little flare of dawn rose in the kernel

Of an almond. It’s a wonder to me that I have fingertips.
The knife was very sharp. The scented rose-orange moons,

Quarter moons, of fruit fell to the cutting board
So neatly it was as if two people lived in separate cities

And walked to their respective bakeries in the rain. Her bakery
Smelled better than his. The sour cloud of yeast from sourdough

Hung in the air like the odor of creation. They both bought
Sliced loaves, they both walked home, they both tripped

In the entry to their separate kitchens, and the spilled slices
Made the exact same pattern on the floor. The nectarines
Smelled like the Book of Luck. There was a little fog
Off the bay at sundown in which the waning moon swam laps.

The Miwoks called it Moon of the Only Credit Card.
I would have given my fingertips to touch your cheekbone,
And I did. That night the old monk knocked off early. He was making it
All up anyway, and he’d had a bit of raisin wine at vespers.




lunes, 25 de agosto de 2014

Natsu no Hana


chen jiagang


mi hermano vino a visitarnos
tras la muerte de papá, hiroshima olía a incienso
desde hacía una semana

él odiaba a las gallinas:
tres días antes de la explosión me encontré un par de ellas
muertas, aún jóvenes, no quise preguntar
aunque apenas nos quedaba nada de comer
entonces, aquella mañana, el cielo azul eléctrico, el silencio
no sonó ninguna de las alarmas
nada más despertar fui a revisar si la única gallina que quedaba
se encontraba bien
al rato le oí salir de su habitación y entrar al baño

en unos segundos la temperatura aumentó terriblemente
a las 8h15 de la mañana la casa saltaba en pedazos
el azul se volvió negro y comenzó a fundirse
dentro de mi ojo derecho una montaña de plumas flotaba
suspendida en el aire

mi marido murió un mes después y yo perdí el ojo
mi hermano regresó a tokio
todo ocurrió mientras él estaba sentado en el retrete, eso le salvó



miércoles, 23 de julio de 2014

partícula en suspenso



Sally Mann




KREISAU, PAJARERA DE NIEBLA

de forma estricta me tienes noviembre
en pecho blanco denso como niebla

qué digo pecho caja desastrada
jardín bagatelas de bruma en jaula

pájaro viejo ahí en la varita
mitad nieve mitad vuelo de encaje

cómo me tomaste cómo llegué al valle
cómo me atemorizas por los robles

tu aliento grita en la alameda trenza
húmedas redes forja un laberinto

y medio ciega en tu acostillada luz
estoy mareada amado como si ya hubieras

tejido para siempre reja enmohecida en torno
al pájaro tu corazón partícula en suspenso


Fronteras del lenguaje, Uljana Wolf
Traducción de Vladimir García Morales
La Bella Varsovia, 2011




viernes, 11 de julio de 2014

gripe

 
Françoise Huguier




THE PULL

As the flu goes on, I get thinner and thinner
all winter, till my weight dips
to my college weight, and then drops below it,
drifts down through high school, and then
down into junior high,
down through the first blood,
heading for my childhood weight,
birth weight, conception. When I see myself naked
in the mirror, I see I am flirting with my father,
his cadaver the only body this thin
I have seen—I am walking around like his corpse
risen up and moving again, we
laugh about it a lot, my dead
dad and I, I do love being like him,
feeling my big joints slide
under the loose skin. My friends don’t
think it’s funny, this cake-walk
of the skeletons, and I can’t explain it—
I wanted to lie down with him,
on the couch where he lay unconscious at night
and there on his death-bed, let myself down
beside him, and then, with my will, lift us both
up. Or maybe just lie with him
and never get up. Now that his dense
bones are in my ground, I am bringing
my body down. I’m not sure
how he felt about my life. Only twice
did he urge me to live—when the loop of his seed
roped me and drew me over into matter;
and once when I had the flu and he brought me
ten tiny Pyrex bowls
with ten leftlovers down in the bottoms.
But when, in the last weeks of his life,
he let me feed him—slip de the spoon
of heavy cream into his mouth
and pull it out through his closed lips,
I felt the suction of his tongue, his palate, his
head, his body, his death pulling at my hand.



HALÁNDOME DE LA MANO

Adelgazo todo el invierno a medida que avanza la gripe
hasta que mi peso llega al de la universidad,
luego cae aún más, alcanza la secundaria
y va más allá, hasta la primera sangre,
apunta al de mi niñez, nacimiento, concepción.
Me veo desnuda en el espejo y descubro
que coqueteo con mi padre:
el único cuerpo que vi así de flaco fue su cadáver.
Camino como si fuera él resucitado
moviéndose otra vez, y nos reímos mucho los dos,
mi padre muerto y yo. Me encanta ser como él,
sentir mis articulaciones grandes deslizarse
bajo la piel tan suelta. Mis amigos
no ven la diversión, este baile
de esqueletos que tampoco yo logro explicar.
Hubiera querido echarme
en el sofá donde yacía borracho todas las noches,
a su lado en el lecho de muerte, para después,
con mi voluntad, levantarnos a los dos.
O quizá yacer con él y no levantarme más.
Ahora que sus huesos están en la tierra,
llevo mi cuerpo hacia abajo. No sé
qué sentía en relación a mi vida. Dos veces apenas
me instó a vivir: cuando su semilla
me enlazó arrastrándome hacia la materia;
y una vez cuando estuve con gripe y me trajo
diez cuenquitos pirex
con diez sobras en el fondo.
Pero cuando, durante sus últimas semanas de vida,
me dejaba alimentarlo—deslizar la cuchara
en su boca y sacarla entre sus labios cerrados—
yo sentía la succión de su lengua, su paladar, su cabeza,
su cuerpo, su muerte halándome de la mano.


Sharon Olds, El padre. Bartleby Ediciones.

Traducción de Mori Ponsowy



jueves, 26 de junio de 2014

el mapa interior


wendy marchbanks



un sueño en el que el aire se concentra a mi alrededor con un espesor de partículas azules vibrando a toda velocidad
en algunas zonas del sueño, el aire es un tejido de hilos que no dejan de crecer, se tensa o se relaja el entramado generando la sensación de un ser vivo que respira
de vez en cuando surgen cercos con formas vagamente ovoides, son zonas donde los hilos se adensan hasta casi desaparecer, donde el aire es irrespirable: mi pensamiento terco
a veces aparecen de pronto un árbol negro o una brújula o un caballo de dos cabezas: las huellas de tu paso