jueves, 5 de mayo de 2016

el viento que levanta el polvo: muestra de poesía hebrea contemporánea


Micha Bar-Am, Parade, Beersheva, 1973




Rezo con devoción un libro de oraciones
de bordes rotos y todas las palabras que faltan
las veo volando hace ya mucho tiempo que vuelan
buscando reposo para la planta de sus pies
cómo les llevaré remedio si el corazón
de mi oracional de bordes carcomidos
se agotó y está desnudo.



Si alguien me preguntara
quién me va a preguntar quién me va a preguntar
dónde estabas
dónde estabas
aquellos días
pues bien, quizá en verdad
no estaba yo en aquellos días
aquellos días estaban en mí
todos los terrores estaban en mí
se sumieron enteros en mí
hasta ahogarme reduciendo
a polvo
toda mi alma.


Amir Gilboa (1917-1984)


*

Si hay tres o cuatro en una habitación

Si hay tres o cuatro en una habitación
siempre hay uno de pie a la ventana.
Obligado a ver la injusticia entre espinos
y los incendios en la colina.
Y cómo los hombres que salieron enteros
son devueltos a casa por la tarde en calderilla.

Si hay tres o cuatro en una habitación
siempre hay uno de pie a la ventana.
El oscuro cabello sobre sus pensamientos.
Y detrás las palabras.
Delante están las voces que vagan sin mochila,
corazones sin víveres profecías sin agua
y piedras grandes que han sido devueltas
y están cerradas como las cartas
sin dirección ni destinatario.



Boletín meteorológico

Estará nublado. Lloverá.
Seremos y moriremos. Estarás despierto.
Habrá brisas dormidas. Te veré
con emoción primera y dura.
Tú me verás, como la lluvia que cae
en tu rostro levantado hacia mí. Hará frío,
habrá subidas y bajadas. Y ¿a quién
hablaremos si no existiremos ya? Habrá
buenas condiciones para los amantes en la colina primitiva.
De los cuatro puntos cardinales de mi vida vendrá el viento.
Estará oscuro.
Habrá olas.
No habrá término medio.
Habrá una nube. Habrá un arcoíris en tu cuerpo.
No existiremos mañana. Hará frío
en los valles. Habrá niebla. Nos dispersaremos, nos dispersaremos.


Yehudah Ammijai (1924)


*

Últimos

Soy ya demasiado raro. Hace años
que sólo aparecía acá y allá
en los bordes de esta jungla. Mi pesado cuerpo
bien camuflado entre las cañas de junco y pegado
a la sombra húmeda circundante.
En condiciones de civilización no hubiera podido resistir.
Estoy cansado. Sólo los grandes incendios
me arrojan aún de escondite en escondite.

¿Y ahora qué? Mi fama está fundada sólo en el rumor
que de tiempo en tiempo
incluso de hora en hora
voy menguando.
Pero es verdad que en este instante alguien
sigue mis huellas. Con precaución levanto
todas mis orejas y espero. Los pasos,
ya está en las hojas muertas. Muy cerca. Cruje. ¿Es eso?
¿Yo soy él? Yo.
No lograré explicarlo.



Escrito a lápiz en un vagón sellado

Aquí en este convoy
Yo Eva
Con mi hijo Abel
Si vierais a mi hijo mayor
Caín hijo de Adán
Decidle que yo



Errores

Piensas que llegó al fin, pero sólo
son los primeros pasos pesados de la lluvia.

Piensas que se trata de un nuevo pesar,
pero es sólo una pared encalada como cada año.

Es una tentación sinuosa, piensas,
pero es sólo una serpiente de papel de seda.

Piensas que es un disparo aislado,
y es sólo el viento que ha cerrado de golpe la puerta.

Tú piensas que soy yo,
pero sólo soy yo.



Corazón repentino

Corazón repentino, acróbata sin cuerda
y sin reposo, ¿hasta cuándo?
Abajo, los caballos del circo iluminado agitan
las diademas de plumas de sus cabezas saludándote.

Y ya se lamentan por ti con ritmo sincopado
la tuba de triste gemido
y el contrabajo, viejo sentimental.
Para recibir tu caída
se tensa lejos, profundo,
el tambor.

Pero este vacío azul,
esta caída libre,
esta aguda alegría, oh corazón.


Dan Pagís (1936-1986)


*

De año en año

De año en año se hace más delicado,
al final será tan delicado,
dijo ella refiriéndose a esto.

Pero yo tengo a veces la impresión de que me ahogo en el tiempo,
tengo la impresión de que hace tiempo que me ahogo,
susurró.

Todo es porque te estás hundiendo, respondió ella.
Todo es porque te estás hundiendo, lo sabes.

No lo sé. A veces pienso que me deja mi fuerza.
Delicado, tú sabes, es otro lado de lo negativo.

Lo sé y te felicito por el descubrimiento,
te felicito por el color de tus ojos,
no dejas nada detrás de ti.

Pues eso justamente es lo que me inquieta,
pues ése es justamente quien produce mi duelo,
pues eso es lo que yo siento.

Te engañas otra vez: te sientes bien y el bien te rodea.
Está ya alrededor, te cabalga sobre los hombros,
si tuvieras paciencia, aún te abrazaría,
en resumidas cuentas tiene que besarte.
Tú sabes cómo pasan estas cosas.



3
Pero amo a mi mujer y a mis hijos,
dijo el preso bajo el aguacero
cuando lo conducían
por los paisajes pelados.

Repito que no es preciso,
contestó el monje considerando con atención
los grilletes de sus brazos y pies.

Desde aquí ya no está lejos el camino
explicó el guía.

Estas montañas fueron hace tiempo habitadas
por salvajes. Actualmente los salvajes escaparon
al interior del distrito de la costa. Los torbellinos que veis, la espuma
blanca de las olas –es lo que el mar
hace a los salvajes.

No continuó. Sentí un ligero ahogo en la garganta.
También yo había ido una vez por este camino.

Pero es mejor callar. No tengo nada que ver con ellos.
El viento que levanta el polvo y lo deja en herencia
a nuestros hijos, en forma de muerte, no recuerda nada.

El preso es un ser frágil. Su cuerpo vacilante-
una cigüeña blanca en la luz ciega.

No te apresures, dijo el guía, no te apresures,
no hay duda de que te precedió otro.



Su hermosura es desconocida

Su hermosura no es conocida. El viento
no se lo contó al árbol. El árbol
no se lo contó al tablón de la cerca.
El tablón de la cerca siempre dice: su hermosura,
digo, no es conocida. Así dice
el tablón hecho de árbol para ser cerca.

Su hermosura no es conocida. Sus ojos no son como un manantial negro
ni como la canción que a veces canta la brisa del otoño en la montaña
que dijo, la brisa del otoño, su hermosura, dijo,
no es conocida. Así dice el otoño que le leyó
susurrándole amor junto a la cerca hecha de un árbol
que dijo al tablón al que hicieron de un árbol para ser cerca hecha de un árbol:
su hermosura no es conocida.

Su hermosura no es conocida. Y no puedo decirlo
ni siquiera a mí mismo. Tengo que contenerme y pasear
por la tarde, cuando una sombra cae sobre otra sombra,
contentarme con callar y no gritar. Dármelo como norma:
No permanecer demasiado tiempo junto a la cerca,
ir más allá cuando la brisa del otoño pasa,
no escuchar cuando hablan de ella los jóvenes
ni cuando de ella dicen dulces palabras.
No detenerme cuando alguien se detiene
y no escuchar no vaya a cantar alguien,
no escuchar cómo susurra una voz dulce:
su hermosura no es conocida, como una quemadura de fuego.


Natan Zach (1930)


*

El tiempo cogido en una red

Volví a ser una niña pequeña,
de uñas negras de tanto trabajar
y de hacer túneles en la arena.
Allí donde mi ojo se posaban eran cintas de púrpura.
Muchos ojos brillaban como cuentas de plata.
Volví a ser una niña pequeña
de esas que en una noche recorren el mundo
y llegan al país de la China
y hasta Madagascar,
y que rompen platos y tazas
de tanto amor,
de tanto amor,
de tanto amor.



Canción de medianoche 1970

Otra vez como en tiempos pasados,
el dormitorio revuelto,
ceniza en todos los rincones.
Y vestidos tirados en montón,
una pila de cartas sin contestar
y una cama caliente.
Además ahora hay epidemia de gripe
y estoy enferma con perdón.
Ni este año
ni en todos los venideros
consentiré en renunciar a un pajarillo
que vuela en mi jardín,
y no cambiaré mi pajarillo por paloma o por abubilla.
Y otro año vendrá
y otra vez, como siempre,
estará mi garganta sofocada de amor.



Abismo llama a abismo

Pasé en Jerusalén días de rosas
qué es Jerusalén sino un barrio tras otro.
Fui a ella de niña y al cabo de los años
como una criatura extraña.
Estuve sola
en una casa ajena
los ojos levanté hacia las montañas
buscando ayuda.

Las nubes se daban la mano ante mis ojos
abajo alborotaban los oscuros cipreses.
De los confines de occidente de pronto
se abalanzó un asombroso pedazo de sol.

Mi añoranza me inundó como el mar
serrándome el cerebro como un grillo,
zumbando en mí como enjambre de abejas
en mi gran borrachera.

Dalia Ravikovitch (1936)


*

Si vas a un viaje de LSD

Si vas a un viaje de LSD
acuérdate que yo
jamás volví de allí
aún estoy allí
frente a la ventana
que deja ver la guillotina roja
mi cabeza va a ser cortada
estoy allí todavía
esperando que al momento siguiente
el terror del universo entero
descienda sobre mí como un cuchillo
los hilos de la sangre
van aún desde la toalla
al lavabo
no dominas la sangre
que lo sepas.


Yonah Wollach (1944-1985)


*

Clima II

Cae la lluvia una mañana de junio en Tel-Aviv.
Ante mis ojos cae imperceptiblemente.
Sobre los árboles oscuros y las casas cerradas en la calle Raines.
Una lluvia consoladora, como un sueño de niños en la cama.

Las caras están mojadas de bendición y los labios murmuran,
la luz graduada va a apoyarse sobre los extremos de las casas.
Y mil años parecen ayer, y el día de ayer
se absorbe en los cubos de cemento desteñido.

La floración de un amor es como un sarpullido en el antebrazo,
y miel de higos en la lengua que punza el paladar –
toda la carne habla como un teléfono
y lluvia figurada entra a chorros en el cuerpo.



Por ejemplo, invierno

El invierno de la ciudad despierto
no trae consigo deshoje. Amarilla
la luz en las ventanas. Un viento viaja
por la calle Dizengoff,
junto a una muchacha que camina
con amor entre las piernas, ya hace dos horas
con amor entre las piernas. Su madre
decía: Te llevé nueve meses bajo el corazón.
Así ya hace dos horas. También al otro lado de la carretera camina
gente hermosa, haciendo hermosas acciones. Por ejemplo,
Meir Wieseltier saca un versículo de su cabeza y lo enseña a los viandantes
el olor de mi hijo es como el olor del campo, The smell of my son is like
the smell of the field
de una lengua a otra pasa el fuerte aroma.


Meir Wieseltier (1941)


Fuente: Poesía hebrea contemporánea - Antología (traducciones de Teresa Martínez), Hiperión, Madrid, 1994.




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