lunes, 2 de junio de 2014

experimento


Katia Chauseva



todo comenzó a descomponerse, y es cierto, al final no lograba controlar la tensión, las mandíbulas apretadas como si pudiera masticar todas esas plantas aromáticas a mi alrededor, quizá lo deseaba, sí, la retama el tomillo el tallo de sol que me ciega, creí desmayarme al recogerlas, me dije intenta solamente observar el lento devenir alrededor, aspirar el polvo de la invisibilidad

pero nada hay más veloz que las metamorfosis del tiempo y del espacio en torno a mí, esos paisajes gesticulando como monstruos, su persecución infinita, las horas amontonándose grumosas

a esa sucesión de lugares la llamaron hilo de tiempo hilo de voz hilo de algo a punto de agotarse, una huida inútil donde siempre los otros reaparecen, yo transportaba un saco con plantitas, los espacios eran: estrechos vagones subterráneos cargados animales moribundos, un cuarto desnudo lleno de extintores, la calle de las carnicerías, un tubérculo de pasillos y escaleras que crecen y se entrelazan y se taponan, el jardín de las plantas salvajes, un piso sin ventilar lleno de sábanas amontonadas, postigos cerrados por el miedo a la luz y a la falta de luz, nuestras salas de experimentación


al cabo de los días el olor del cilantro pudriéndose atrajo la atención de los vecinos, quisimos encerrarnos con las plantas, en la cocina había un cazo con agua hirviendo, no lográbamos interesarnos por nada más, era de noche y sólo se veía la luz de la nevera vacía, era tan hermoso, pero entraron, no pudimos evitarlo, lo destruyeron todo



No hay comentarios:

Publicar un comentario